CAPÍTULO
9:
Aprender
magia
-Vamos
Clara -dijo Yuc-, sigue intentándolo.
Clara estaba intentando
hacer la tarea que su maestro le había mandado: convertir el agua de
un vaso en un bloque de hielo. Por más que lo intentaba, no lo
conseguía. De hecho, desde que empezó a aprender a usar la magia
con Yuc hacía tres meses, la mayoría de las veces no le salían los
hechizos como tenían que ser.
-A ver Clara, escúchame,
debes sentir la magia, deja que fluya a través de tu mano. Inténtalo
otra vez.
Clara asintió. Relajó los
músculos, cerró los ojos y lo intentó de nuevo. Cuando abrió los
ojos, no había agua. En vez de eso se encontró con un bloque de
hielo. Lo había conseguido.
-Muy bien Clara. Ese era tu
problema: estabas muy tensa y la magia no fluía a través de tu
mano. Cuando hagamos un par más de hechizos básicos, te enseñaré
hechizos complejos.
Clara asintió de nuevo y
sonrió. Faltaba un poco menos para que pudieran ir a rescatar a
Carlos. De hecho, saber hacer hechizos básicos con todos los
elementos es tener un buen nivel de magia. Todavía recordaba el
primer día de su enseñanza en la magia, fue uno de los mejores de
su vida. Aquel día...
-Clara -dijo Yuc-, hoy es
el primero de los muchos días en los que te voy a enseñar a
utilizar tu magia. Hoy repasaremos lo que ya sabes hacer.
-¿Lo que ya sé hacer?
-dijo Clara-, ¿y qué se hacer?
-Antes de nada, seguidme
Clara y Marta.
-¿Por qué salimos de la
casa? -preguntó Marta-, ¿qué se puede hacer aquí?
-Volar -dijo solamente
Yuc-.
Clara lo miró sorprendida.
¿Volar, sé volar, puedo
volar...? -se dijo para sí-.
-En efecto Clara, pero
debes practicar. Empieza por algo sencillo. Empieza a correr, y poco
después da un gran salto, a ver qué sucede, y no te preocupes, la
barrera hace invisible todo lo que hacemos aquí en el descampado.
Clara asintió. Miró a
Yuc y a Marta y entendió el mensaje de sus miradas: inténtalo,
puedes hacerlo bien.
Empezó a correr, saltó
lo más alto que pudo y no se atrevió a mirar hacia abajo hasta que
creyó que no se caería al suelo. Soltó un grito de júbilo y
pensó:
puedo volar, increíble pero
¡puedo volar!
Intentó volar más alto, pero
Yuc le dijo con un gesto que se estuviera quieta. A continuación,
murmuró unas palabras y Marta y él empezaron a flotar hasta estar a
la altura de Clara. Entonces Yuc dijo:
-Lo que estás haciendo
ahora mismo es un hechizo elemental del elemento aire. En tu caso, la
habilidad de volar es innata. Podrías haber volado si lo quisieras
cuando aún gateabas, pero tenías que desear volar para poder
hacerlo, y hoy lo has conseguido. Ahora, intenta dar una voltereta.
Sólo tienes que impulsarte e inclinarte hacia delante.
Clara lo intentó y lo
consiguió al instante.
Yuc prosiguió:
-Vale, ahora para volar más
alto debes saltar, y listo. Para bajar, inclínate hacia abajo y,
cuando estés cerca de la superficie del suelo, ponte de pie. Pero
antes debo poner algo de protección por si acaso.
-Murmuró de nuevo
y en el suelo del descampado apareció una enorme colchoneta-. De
acuerdo Clara, ahora sí puedes.
Clara intentó primero volar
más alto, y no lo hizo mal. Pero para aterrizar... bueno, eso fue
otra historia. Siempre se estrellaba contra la colchoneta, nunca
conseguía ponerse de pie a tiempo. Cuando estaba a punto de darse
por vencida, Marta le dijo:
-¡Vamos Clara, tú puedes!
Eso le dio ánimos, y lo
intentó por última vez. Se inclinó hacia abajo y cuando se posó
en el suelo con suavidad, se dio cuenta de que, por fin, lo había
logrado. Había aterrizado, y sin llevarse ni un golpe esta vez.
Estaba segura de que a su madre no le haría mucha gracia tener una
hija que supiera volar y que pudiera ensuciarle la pared de pisadas
de zapatos.
-Clara... Clara...
Volvió al mundo real. Yuc la
estaba llamando.
-¿Sí? -preguntó Clara-.
-Mañana continuaremos. Por
hoy ya has hecho bastante.
Clara sonrió de oreja a
oreja. Tenía el resto de la tarde libre, y no eran más de las seis.
Marta pareció pensar lo
mismo. Se despidieron de Yuc y salieron fuera. Hacía un día soleado
y puede que con demasiado calor para ser finales de marzo.
-¿A dónde vamos? -preguntó
Marta-.
-No lo sé -respondió
Clara-.
-Umm... ¿ y si vamos al
cine?
-Sí, hay una película que
quería ver hacía tiempo.
-¡Pues vamos!
Y se fueron hacia el cine.
Aquella tarde Clara se divirtió tanto que no pensó en Carlos.
Su maestro le había
hecho practicar dos horas seguidas hechizos de magia oscura, y Carlos
estaba harto de invocar a espíritus y demás. De hecho, lo único
que se podía hacer allí era comer, dormir y practicar hechizos.
Muchos hechizos. De vez en cuando cuando Raf y su ayudante se iban
por “asuntos del mal” como decían ellos, se daba una vuelta por
el enorme templo, y no era muy emocionante. En la última expedición,
lo más interesante que había encontrado había sido una cuna de
madera que debía de tener por lo menos doce años.
Y cuando volvían, se iba
volando (literalmente) hacia su habitación para que no le pillaran. También se sentía
confuso, se debatía entre la luz y la oscuridad, vamos, que la
esencia del antiguo Carlos todavía estaba presente en él. No sabía
cómo acabaría aquello, pero cuando pensaba en ello su idea se
dividía en dos: algunas veces quería que Yuc, Clara y Marta lo
rescataran, y otras veces quería capturar a Marta y a Clara y que su
maestro se sintiera orgulloso de él.
Quería
recuperar a Clara y también
quería capturarla.
k xulo Ana !!, aun k no se k ha pasado en el colegio con Carlos, ya k había desaparecido
ResponderEliminarEso sale en el 10
ResponderEliminaraaah pos súbelo yaaaaaaa !!!! :)
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