miércoles, 24 de julio de 2013

Cap. 10


                          CAPÍTULO 10:
                                Sábado
-Sí, Carlos se encuentra mejor, no se preocupe -dijo Clara por teléfono-. Sí, la mantendré informada, no se preocupe, adiós.
Clara colgó el teléfono, aunque lo hizo de malas maneras porque estaba harta. Los padres de los amigos de Carlos llamaban por teléfono a su casa a casi todas horas, puesto que se inventó una excusa para que no llamaran al padre de Carlos, era demasiado para él. Descubrir que tu hijo se ha convertido oscuro y que domina la magia negra... bueno, se entiende. No le vendría bien gente preguntando por su hijo, y, encima, sin decir la verdad.
Mientras que Yuc, Marta, su madre, el padre de Carlos y ella sabían que era un aprendiz de la magia oscura consumido por el mal el resto del mundo pensaba que Carlos tenía una extraña enfermedad muy contagiosa que no se curaba fácilmente y que tenía que ser tratada. La verdad, Clara no se creía que la gente se lo tragara, pero mientras no supieran la verdad... todo iría más o menos bien. Sin embargo sufría. Y estaba segura de que Marta también lloraba por su mejor amigo, pero por no quitarle la esperanza, no lo hacía delante suya. Era ella la que se echaba en los brazos de ésta para llorar en su hombro para que la consolara, y no al revés. Marta era más fuerte, la que sabía qué hacer en los momentos difíciles, la que la ayudaba en todo lo que estuviera en su mano. Clara nunca había conocido a alguien como ella.
Entonces el teléfono volvió a sonar.
Seguramente será otro padre-pensó- y, con un suspiro cogió el teléfono-.
  

   -Carlos -dijo Raf-, llevas aprendiendo magia oscura desde hace ya varios meses. Ya es hora de que demuestres todo lo que has aprendido. Quiero que me traigas a Clara.
Carlos contuvo unos momentos la respiración, y después se atrevió a preguntar:
-¿Y Marta?
-He dicho que me traigas a Clara, ya es hora de que lo superes. Toma, esto te ayudará.
-¿Qué es eso? -preguntó cogiendo el collar entre las manos-.
-Es un colgante que hará que Clara pierda sus poderes mientras lo lleve puesto.
Acto seguido, se acercó a Carlos hasta que quedó a pocos centímetros de él, y miro sus ojos. Distinguió un destello azul en ellos. Reprimió un escalofrío.
Está volviendo a ser el de antes -pensó para sí-.
Después, se apartó de él.
-Hazlo, Carlos. Haz lo que he ordenado, y rápido.
-Carlos asintió. Segundos después, desapareció en el aire.
Eso será suficiente para que se vuelva como deseo -pensó de nuevo-.
Y sonrió.
 

   Clara colgó. No se equivocaba, era un padre quien la había llamado.
Miró el reloj de la pared. Eran las seis de la tarde, y había quedado con Marta en el parque a las y media, por lo que se aseó y salió por la puerta principal andando tranquilamente. Para ese tipo de ocasiones, Clara prefería no usar sus poderes. Sólo los utilizaba cuando era necesario. Continuó andando hasta el parque. Llegó a las seis y veinticinco, pero Marta ya estaba allí esperándola. Clara aceleró el paso y se situó al lado de ella. La abrazó y le preguntó:
-¿Nos sentamos en aquel banco?
-Sí -respondió Marta-.
Se sentaron y Clara dijo:
-¿No está el parque muy vacío?, no hay nadie excepto nosotras dos.
-Es verdad, será mejor que nos vayamos.
Acto seguido se levantaron del banco y empezaron a andar rápido hasta la puerta del parque. Sin embargo, cuando no habían llegado ni a la mitad, una figura conocida apareció delante suya. Era Carlos.
Marta chilló, pero Clara se quedó mirándolo fijamente. No lo había visto hacía ya mucho tiempo, y verlo allí plantado...
Volvió a la realidad. Carlos ya no era el de antes, ahora estaba allí para capturarlas. Cogió la mano de Marta, y cuando estaba a punto de dar un salto para volar y sacarlas de allí, Carlos cogió su brazo. Clara soltó a Marta y le dijo:
-¡Huye, no te quedes ahí!
Marta no le hizo caso. Intentaba chillar, pero al no poder, entendió que Carlos la había hechizado. Sin embargo, no pensaba dejar a su amiga sola.
Carlos, mientras, tenía a Clara entre los brazos, que no paraba de retorcerse y chillar para soltarse. Cuando notó que Carlos le ponía el colgante, las fuerzas la abandonaron. Intentó hacer algún hechizo, pero le fue imposible. Entonces lo comprendió: el amuleto era lo que se lo impedía. Probó a intentar quitárselo, pero le fue, de nuevo, imposible. Se giró para mirar a Carlos a los ojos. Ahora solo quedaban dos lagunas negras que hizo que se le pusiera la piel de gallina. Lo que habían hecho con él... no tenía perdón.
Marta se dio cuenta de que no podía hacer nada salvo una cosa:
-¿Por qué? -preguntó con un hilo de voz-.
-No lo sé -dijo Carlos con tristeza-.
Y desapareció con Clara en una nube de humo negro.
Marta chilló con todas sus fuerzas:
-¡YUC!
Y empezó a llorar fuertemente.
Yuc escuchó el grito. Se temía lo peor. En cuanto llegó al parque, se encontró con una Marta inconsolable, y lo comprendió todo: Carlos había capturado a Clara. Se acercó a ella
e intentó darle palabras de ánimo, pero sabía que sería en vano. Lo único que podría consolar a Marta en esos momentos era su mejor amiga o su mejor amigo, y no estaban allí.
Cuando Yuc pensaba que Marta no iba a parar, ésta dejó de llorar y preguntó con churretones en la cara a Yuc:
-¿Vamos a ir a rescatarla, no?
-Por supuesto -respondió Yuc-, pero hoy no. Debemos esperar hasta dentro de unos días por lo menos, cuando hayan bajado la guardia y piensen que estamos acabados.
Marta asintió. No pensaba quedarse de brazos cruzados. Haría todo lo posible para recuperar a sus mejores amigos.
-Vamos -dijo Yuc-, demos la mala noticia a la madre de Clara, merece saberlo.
Marta asintió y le dio la mano a Yuc. Segundos después habían desaparecido, y parecía como si en esa tarde de primavera nada hubiera pasado.


-¡Suéltame! -gritó Clara-, ya no me puedo escapar.
Carlos la ignoró. Estaba en la sala donde debía de entregar a Clara a su maestro, y quería que estuviera orgulloso de él. Sin embargo, evitó mirar a Clara en lo poco que duró el viaje.
-Carlos, traes a Clara, ¿verdad?, bien hecho -dijo Raf-. Llévala a su celda, mañana empezará todo.
-¿Mi celda? -dijo Clara enfadada-, ¿así tratas a tu hija?.
-Te recuerdo que mi hija conoce la magia y si no te encarcelo, te escaparías -contraatacó Raf-.
Clara se rindió y dejó de hablar. Sin embargo, esta vez Carlos la soltó en el suelo y le dijo que la siguiera. Clara se resignó y obedeció. Cuando se pararon ante su “nuevo hogar”,
Carlos la empujó dentro y entró después él. Le quitó el colgante del cuello a Clara y salió por la puerta, cerrándola seguidamente con una pequeña llave dorada. Segundos después, se marchó.
Clara observó a su alrededor. La celda en realidad no era como se la había imaginado. Había una buena cama en el fondo y una pequeña mesa, pero seguía siendo una prisión de la que no podía escapar, tal como había dicho su querido padre. Intentó escapar de todas formas con un hechizo para materializarse en su casa. Al no funcionar, comprendió que la celda estaba a prueba de magia. Suspiró. Estaba agotada. Se tumbó en la cama dirigiendo sus últimos pensamientos a Marta, a la que tanto quería. Minutos después, se quedó dormida. Esa noche no la atormentaron las terribles pesadillas que solía sufrir.

2 comentarios:

  1. me pregunto cual será la grave enfermedad de carlos :l buyeno, me encanta tu novelita Anita !! :)

    ResponderEliminar
  2. Se supone k la enfermedad de Carlos la acababan de descubrir y la estaban investigando

    ResponderEliminar