CAPÍTULO
10:
Sábado
-Sí,
Carlos se encuentra mejor, no se preocupe -dijo Clara por teléfono-.
Sí, la mantendré informada, no se preocupe, adiós.
Clara colgó el teléfono,
aunque lo hizo de malas maneras porque estaba harta. Los padres de
los amigos de Carlos llamaban por teléfono a su casa a casi todas
horas, puesto que se inventó una excusa para que no llamaran al
padre de Carlos, era demasiado para él. Descubrir que tu hijo se ha
convertido oscuro y que domina la magia negra... bueno, se entiende.
No le vendría bien gente preguntando por su hijo, y, encima, sin
decir la verdad.
Mientras que Yuc, Marta, su
madre, el padre de Carlos y ella sabían que era un aprendiz de la
magia oscura consumido por el mal el resto del mundo pensaba que
Carlos tenía una extraña enfermedad muy contagiosa que no se curaba
fácilmente y que tenía que ser tratada. La verdad, Clara no se
creía que la gente se lo tragara, pero mientras no supieran la
verdad... todo iría más o menos bien. Sin embargo sufría. Y estaba
segura de que Marta también lloraba por su mejor amigo, pero por no
quitarle la esperanza, no lo hacía delante suya. Era ella la que se
echaba en los brazos de ésta para llorar en su hombro para que la
consolara, y no al revés. Marta era más fuerte, la que sabía qué
hacer en los momentos difíciles, la que la ayudaba en todo lo que
estuviera en su mano. Clara nunca había conocido a alguien como
ella.
Entonces el teléfono volvió a
sonar.
Seguramente será otro
padre-pensó- y, con un suspiro cogió el teléfono-.
-Carlos -dijo Raf-, llevas
aprendiendo magia oscura desde hace ya varios meses. Ya es hora de
que demuestres todo lo que has aprendido. Quiero que me traigas a
Clara.
Carlos contuvo unos
momentos la respiración, y después se atrevió a preguntar:
-¿Y Marta?
-He dicho que me traigas
a Clara, ya es hora de que lo superes. Toma, esto te ayudará.
-¿Qué es eso? -preguntó
cogiendo el collar entre las manos-.
-Es un colgante que hará
que Clara pierda sus poderes mientras lo lleve puesto.
Acto seguido, se acercó a
Carlos hasta que quedó a pocos centímetros de él, y miro sus ojos.
Distinguió un destello azul en ellos. Reprimió un escalofrío.
Está volviendo a ser
el de antes -pensó para sí-.
Después, se apartó de él.
-Hazlo, Carlos. Haz lo
que he ordenado, y rápido.
-Carlos asintió.
Segundos después, desapareció en el aire.
Eso será suficiente
para que se vuelva como deseo -pensó de nuevo-.
Y sonrió.
Clara colgó. No se
equivocaba, era un padre quien la había llamado.
Miró el reloj de la pared.
Eran las seis de la tarde, y había quedado con Marta en el parque a
las y media, por lo que se aseó y salió por la puerta principal
andando tranquilamente. Para ese tipo de ocasiones, Clara prefería
no usar sus poderes. Sólo los utilizaba cuando era necesario.
Continuó andando hasta el parque. Llegó a las seis y veinticinco,
pero Marta ya estaba allí esperándola. Clara aceleró el paso y se
situó al lado de ella. La abrazó y le preguntó:
-¿Nos sentamos en aquel
banco?
-Sí -respondió Marta-.
Se sentaron y Clara dijo:
-¿No está el parque muy
vacío?, no hay nadie excepto nosotras dos.
-Es verdad, será mejor que
nos vayamos.
Acto seguido se levantaron
del banco y empezaron a andar rápido hasta la puerta del parque. Sin
embargo, cuando no habían llegado ni a la mitad, una figura conocida
apareció delante suya. Era Carlos.
Marta chilló, pero Clara
se quedó mirándolo fijamente. No lo había visto hacía ya mucho
tiempo, y verlo allí plantado...
Volvió a la realidad.
Carlos ya no era el de antes, ahora estaba allí para capturarlas.
Cogió la mano de Marta, y cuando estaba a punto de dar un salto para
volar y sacarlas de allí, Carlos cogió su brazo. Clara soltó a
Marta y le dijo:
-¡Huye, no te quedes ahí!
Marta no le hizo caso.
Intentaba chillar, pero al no poder, entendió que Carlos la había
hechizado. Sin embargo, no pensaba dejar a su amiga sola.
Carlos, mientras, tenía a
Clara entre los brazos, que no paraba de retorcerse y chillar para
soltarse. Cuando notó que Carlos le ponía el colgante, las fuerzas
la abandonaron. Intentó hacer algún hechizo, pero le fue imposible.
Entonces lo comprendió: el amuleto era lo que se lo impedía. Probó
a intentar quitárselo, pero le fue, de nuevo, imposible. Se giró
para mirar a Carlos a los ojos. Ahora solo quedaban dos lagunas
negras que hizo que se le pusiera la piel de gallina. Lo que habían
hecho con él... no tenía perdón.
Marta se dio cuenta de que
no podía hacer nada salvo una cosa:
-¿Por qué? -preguntó con
un hilo de voz-.
-No lo sé -dijo Carlos con
tristeza-.
Y desapareció con Clara en
una nube de humo negro.
Marta chilló con todas sus
fuerzas:
-¡YUC!
Y empezó a llorar
fuertemente.
Yuc escuchó el grito. Se
temía lo peor. En cuanto llegó al parque, se encontró con una
Marta inconsolable, y lo comprendió todo: Carlos había capturado a
Clara. Se acercó a ella
e intentó darle palabras de
ánimo, pero sabía que sería en vano. Lo único que podría
consolar a Marta en esos momentos era su mejor amiga o su mejor
amigo, y no estaban allí.
Cuando Yuc pensaba que Marta
no iba a parar, ésta dejó de llorar y preguntó con churretones en
la cara a Yuc:
-¿Vamos a ir a rescatarla,
no?
-Por supuesto -respondió
Yuc-, pero hoy no. Debemos esperar hasta dentro de unos días por lo
menos, cuando hayan bajado la guardia y piensen que estamos acabados.
Marta asintió. No pensaba
quedarse de brazos cruzados. Haría todo lo posible para recuperar a
sus mejores amigos.
-Vamos -dijo Yuc-, demos
la mala noticia a la madre de Clara, merece saberlo.
Marta asintió y le dio la
mano a Yuc. Segundos después habían desaparecido, y parecía como
si en esa tarde de primavera nada hubiera pasado.
-¡Suéltame! -gritó
Clara-, ya no me puedo escapar.
Carlos la ignoró. Estaba
en la sala donde debía de entregar a Clara a su maestro, y quería
que estuviera orgulloso de él. Sin embargo, evitó mirar a Clara en
lo poco que duró el viaje.
-Carlos, traes a Clara,
¿verdad?, bien hecho -dijo Raf-. Llévala a su celda, mañana
empezará todo.
-¿Mi celda? -dijo Clara
enfadada-, ¿así tratas a tu hija?.
-Te recuerdo que mi
hija conoce la magia y si no te encarcelo, te escaparías
-contraatacó Raf-.
Clara se rindió y dejó de
hablar. Sin embargo, esta vez Carlos la soltó en el suelo y le dijo
que la siguiera. Clara se resignó y obedeció. Cuando se pararon
ante su “nuevo hogar”,
Carlos la empujó dentro y entró
después él. Le quitó el colgante del cuello a Clara y salió por
la puerta, cerrándola seguidamente con una pequeña llave dorada.
Segundos después, se marchó.
Clara observó a su
alrededor. La celda en realidad no era como se la había imaginado.
Había una buena cama en el fondo y una pequeña mesa, pero seguía
siendo una prisión de la que no podía escapar, tal como había
dicho su querido padre. Intentó escapar de todas formas con
un hechizo para materializarse en su casa. Al no funcionar,
comprendió que la celda estaba a prueba de magia. Suspiró. Estaba
agotada. Se tumbó en la cama dirigiendo sus últimos pensamientos a
Marta, a la que tanto quería. Minutos después, se quedó dormida.
Esa noche no la atormentaron las terribles pesadillas que solía
sufrir.
me pregunto cual será la grave enfermedad de carlos :l buyeno, me encanta tu novelita Anita !! :)
ResponderEliminarSe supone k la enfermedad de Carlos la acababan de descubrir y la estaban investigando
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