miércoles, 10 de julio de 2013

Cap.5


                                             CAPÍTULO 5:
    Un día normal en el instituto... para variar

  Clara aún seguía pensando en lo que había soñado la noche anterior. Habitualmente
soñaba con el hombre de ojos extraños. Sin embargo había soñado con un chico igual que Carlos solo que con el pelo castaño oscuro y unos ojos muy oscuros.
Prefiero al hombre -pensó mientras aceleraba el paso para llegar al instituto a tiempo-.


Cuando cruzó la entrada a su nuevo instituto eran las ocho y diez.
Por los pelos -pensó-, las clases empiezan a las ocho y cuarto.
Estaba buscando su nueva clase, 1ºB, cuando alguien le tocó el hombro. Se giró y se encontró con Carlos, al que no quería dirigirle la palabra. Estaba a punto de salir corriendo cuando recordó las palabras de Yuc:
No te tengo que recordar lo que casi le pasa a Carlos, ¿verdad?, si no llegas a estar tú, ¿qué crees que le habría pasado?
Y se dio cuenta de que la culpa no era de Carlos, e intentó disculparse:
-Lo... lo siento,
pero no pudo continuar, porque Carlos intervino:
-La culpa no fue tuya, fue mía, no debí de comportarme así, pero me habías salvado la vida y...
-¿Amigos? -preguntó Clara-
-Amigos -fue la respuesta de Carlos-, y, por cierto, ¿sabes dónde está 1ºB?
-¿Por qué? -preguntó Clara-, ¿es tu clase?
-Sí, ¿por?
-¡También es mi clase!
-Pues entremos, la acabo de encontrar.

Clara se fijó bien. Se giró y vio una clase con una placa grabada en el marco de la puerta:
ponía 1ºB. Acto seguido, entraron los dos dentro.

La clase no era muy grande, pero se aprovechaba bien el espacio, y parecía más espaciosa
de lo que era en realidad. Sin embargo no se podía decir que los alumnos eran silenciosos y
buenecitos”. El profesor aún no había llegado, y la gente parecía disfrutar sin éste.
Aviones de papel que volaban por los aires, gente gritando y varios chicos y chicas persiguiéndose unos a otros. Por no hablar que había bastantes chicas en un rincón aplicándose una cantidad impresionante de rímel. Clara en su vida había usado tal cosa, y le
parecía inadecuado que tantas niñas lo usaran a la edad de doce años, y estaba segura de que
a muchos padres también. Cuando las chicas del rincón vieron a Clara observándolas, se acercaron a ella.
-Anda, mirad, es la nueva -dijo una chica rubia-, la inadaptada.
Clara se quedó sorprendida: ¿inadaptada?, ¿y no serían ellas las que eran las inadaptadas, echándose a su temprana edad un kilo de maquillaje?
Estaba a punto de replicar cuando otra de las chicas, la más alta, dijo:
-Seguro que no sabe ni lo que es un pintalabios.

  Ante este comentario empezaron a reírse, y Clara, roja de ira, estaba a punto de soltar unas “palabrillas inadecuadas” cuando una chica ajena a las del maquillaje se acercó y se colocó delante de Clara.
-¿De qué vais?, es nueva aquí, y no os ha hecho nada malo. Además, ¿qué le importará a ella ahora saber echarse maquillaje?, ¡¿es que acaso vamos a hacer un exámen o algo así?!
Las chicas se quedaron mudas, y, acto seguido, se fueron por donde habían venido, y terminaron en el mismo rincón de antes, esta vez echándose pintalabios.
-Muchas gracias em,...esto...
-Marta, y ha sido un placer, esas pijitas me tienen harta.
Clara se fijó en Marta. Era morena, de piel clara y tenía unos grandes ojos azules claro, y era de estatura normal. Le pareció muy guapa.
-Yo soy Clara, ¿nos sentamos juntas?
-De acuerdo, pero no nos ponemos en primera fila, ¿ok?
-No te preocupes, a mí tampoco me gusta estar cerca del profesor.
-Entonces ¡a la última fila!

   Clara miró su reloj de pulsera: ¡eran las ocho y media!, y el profesor aún no había llegado, pero cuando se lo iba a contar a Marta entró una figura por la puerta.
-Hola, soy vuestro nuevo director, y al parecer vuestro tutor no ha podido venir, pero no os preocupéis, hoy sólo os enseñaremos el instituto y conoceréis a vuestros nuevos profesores. Pero de momento buscad un sitio en el que sentaros.
Clara y Marta compartieron una mirada cómplice y en un abrir y cerrar de ojos se habían
sentado al fondo de una fila. En cambio Carlos se sentó donde pudo, es decir, en el sitio frente a la mesa del profesor.
Genial -pensó-, qué será lo próximo, ¿que se siente a mi lado una de las del maquillaje?
Pero por suerte para Carlos, eso no ocurrió, pero tampoco le gustó mucho lo que pasó a continuación: a su lado se había sentado un chico sudoroso con unos ojos marrones y el pelo rubio con pinta de ser muy deportista, pero a la vez el típico chico que se creía demasiado importante como para sentarse con los “populares”, y que se sentaba con los nuevos para darles envidia. Pues bien, Carlos no le iba a dar esa satisfacción.

El chico se sentó a su lado sin ni siquiera saludar, pero a Carlos no le importó, estaba dispuesto a no dirigirle la palabra a aquel chico hasta final de curso o hasta que lo cambiaran de sitio, y claramente prefería la segunda opción. Cuando Carlos giró la cabeza hacia atrás se encontró con que Clara estaba sentada al lado de una chica morena con ojos azules, al fondo de la fila y compartiendo risas las dos.
Qué afortunada -pensó-.
Y tenía razón, Clara se lo estaba pasando muy bien con su nueva amiga.
-¿Quedamos algún día? - Le dijo Marta a Clara-
-¡Sí, me gustaría mucho! -fue la respuesta de Clara-.
   Entonces el director empezó a hablar.
-Vale, ahora haced una fila en la puerta de la clase ordenadamente, que vais a conocer
vuestro nuevo instituto.
Los chicos asintieron, y fueron a colocarse en fila, entre cotilleos, en la puerta de la clase.
Clara iba con Marta, y ésta trajo a unas amigas suyas.
-Clara, te presento de izquierda a derecha respectivamente a: Ana, Elena, María y Elsa.
Clara las observó detenidamente. Ana era de estatura media, con la piel muy pálida, el pelo
negro y unos ojos color miel. Elena también tenía la piel blanca, pero tenía el pelo rubio oscuro y unos ojos marrones, y era un poco más alta que Ana. María era poco más baja que Elena, tenía el pelo rizado de color negro, unos ojos marrones y era de tez clara.
Elsa era la más alta de todas. Tenía una melena lisa y de color negro, una piel clara y unos ojos marrón muy oscuro. A Clara le parecieron muy simpáticas en cuanto empezó a hablar un poco con ellas, y a ellas les cayó bien Clara.

A Carlos no le fue tan mal como él esperaba, puesto que conoció a varios chicos bastante
simpáticos que no se parecían en nada al creído de su compañero de pupitre. Eran amigables, y no tardó en darse cuenta de que se había imaginado el instituto mucho peor de
lo que era, pero estaba seguro de algo, su madre nunca le vería en ése nuevo lugar al que acababa de llegar, ni a ningún otro a partir de entonces: la universidad y muchos otras cosas
que le gustaría que su madre pudiera ver.
El director entonces dijo:
-Vamos niños, os lo enseñaré todo, -y acto seguido ordenó a los chicos que lo siguiera.
Cuando ya Clara salía por la puerta principal, una voz familiar la llamó:
-Hola, te acompaño a casa, ¿vale?
Clara suspiró, era Carlos. Se recordó a sí misma la advertencia del hombre de ojos azules y respondió:
-De acuerdo.
Y sonrió, porque había tenido por primera vez desde que llegó a Granada un día más o menos normal, sin hombres de ojos raros, lo único que la inquietaba era el sueño del chico
tan parecido a Carlos...

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