martes, 9 de julio de 2013

Cap.1

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                                                CAPÍTULO I:
                    Malos y buenos recuerdos

-Buenas noches, papá -dijo Carlos-
-Buenas noches, hijo -murmuró su padre-.
Carlos suspiró, y subió las escaleras para llegar a su cuarto. Allí, se puso el pijama, se tumbó en su cama y empezó a pensar en los pocos días de verano que quedaban. Los podía contar con los dedos de las manos, quedaba una semana, siete días antes de empezar el instituto, y no le hacía ninguna gracia. Al instituto al que iba no conocía a nadie, puesto que sus antiguos compañeros de clase estaban en otros, y no quería perder de vista a su padre, después de la muerte de su madre no quería que se le acercara otro hombre con ojos de un color extraño.
-No, no permitiré que eso vuelva a pasar -se dijo a sí mismo-.
Dicho esto, se puso bien las sábanas y se durmió enseguida.

-Carlos, despierta, hijo mío -dijo una voz que éste conocía muy bien-, arriba, vamos, que tienes colegio.
Carlos abrió los ojos, y se encontró frente a su madre, aquella mujer de ojos azules y pelo rubio que tanto quería. Carlos asintió, se levantó de un salto de la cama y se vistió enseguida. Después, bajó a desayunar.
Allí estaban sus padres, con una sonrisa en los labios, como si nada malo fuera a suceder en aquella mañana del cinco de abril.
-Bueno, cariño, -dijo el padre de Carlos a la madre de éste- me tengo que ir a trabajar, que llego tarde.
-De acuerdo, adiós cariño -dijo la madre -, y tú, Carlos, termina el desayuno rápido, que pierdes el autobús.
Carlos asintió con un movimiento de cabeza, terminó en un tiempo récord de desayunar, le dio un beso a su madre en la mejilla seguido de un “hasta luego” y salió de casa. Después se subió en el autobús y comenzó un día más de clase para él. En el colegio, Carlos estaba inquieto, porque notaba como si alguien lo observara. Pueden parecer unos pensamientos extraños para un niño de cuarto de primaria, pero tenía razón, alguien lo observaba. Por esta razón, estaba distraído en clase y más de un profesor le llamó la atención, pero Carlos no se relajó, y no se concentró en ningún momento en las clases. Cuando sonó por fin el timbre que anunciaba el final de las clases, Carlos salió disparado hacia la parada del autobús, pero al llegar allí se le anunció que el autobús estaba averiado. Entonces, deseando llegar a casa para ver a su madre, decidió ir a pie, aunque tuviera que hacerlo durante media hora.


Al principio todo iba bien, pero entonces empezó a sentirse, de nuevo, observado. Cuando se giraba, en cambio, no veía a nadie, y siguió así durante un rato más.
Pero entonces, Carlos se giró de nuevo con gran rapidez y vio a su perseguidor: un hombre de mediana edad con unos ojos de un tono azul que el chico no había visto en su corta vida. Asustado, corrió y corrió sin mirar atrás, aunque el hombre gritaba diciendo:
-¡No vayas chico, no lo hagas!




Pero Carlos no lo escuchaba, y siguió corriendo hasta que llegó a la puerta de su casa, la que abrió con fuerza. Ya en el interior de la casa, llamó a su madre con voz en grito:
-¡¡Mamá, dónde estás!!
Dejó la mochila en el suelo con violencia, y acto seguido, empezó a buscarla por todas partes, hasta que oyó un estruendo en el piso de arriba y fue hasta allí. Cuando entró en el dormitorio de sus padres, no pudo evitar soltar un grito, al ver a su madre inmóvil en el suelo y un hombre a su lado mirándolo con unos ojos verdes-azulados. Intentó moverse, pero no pudo, era como si no pudiera apartar la vista del hombre. Pero éste solo dijo:
-Ella no será la única víctima, Carlos, ándate con cuidado.
Y, dicho esto, el hombre se desvaneció en el aire. Carlos se quedó allí de pie, blanco como el papel, con lágrimas en los ojos e incapaz de moverse. Cuando consiguió moverse del sitio, se acercó a su madre para verla más de cerca. Cuando se encontró a su lado, pudo ver que una simple rama atravesaba su cuerpo limpiamente, y que su pelo rubio se había vuelto blanco.


Carlos se despertó en su cama cubierto de sudor y respirando entrecortadamente.
Ha sido una pesadilla-se decía a sí mismo-, no, no ha sido una pesadilla, ha sido el recuerdo del día del asesinato de mi madre, aunque lo he sentido como si pasara de nuevo, con detalles que ya no recordaba”.

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