CAPÍTULO
I:
Malos
y buenos recuerdos
-Buenas noches, papá
-dijo Carlos-
-Buenas noches, hijo
-murmuró su padre-.
Carlos suspiró, y subió las
escaleras para llegar a su cuarto. Allí, se puso el pijama, se tumbó
en su cama y empezó a pensar en los pocos días de verano que
quedaban. Los podía contar con los dedos de las manos, quedaba una
semana, siete días antes de empezar el instituto, y no le hacía
ninguna gracia. Al instituto al que iba no conocía a nadie, puesto
que sus antiguos compañeros de clase estaban en otros, y no quería
perder de vista a su padre, después de la muerte de su madre no
quería que se le acercara otro hombre con ojos de un color extraño.
-No, no permitiré
que eso vuelva a pasar -se dijo a sí mismo-.
Dicho esto, se puso bien las
sábanas y se durmió enseguida.
-Carlos, despierta,
hijo mío -dijo una voz que éste conocía muy bien-, arriba, vamos,
que tienes colegio.
Carlos abrió los ojos, y se
encontró frente a su madre, aquella mujer de ojos azules y pelo
rubio que tanto quería. Carlos asintió, se levantó de un salto de
la cama y se vistió enseguida. Después, bajó a desayunar.
Allí estaban sus padres, con
una sonrisa en los labios, como si nada malo fuera a suceder en
aquella mañana del cinco de abril.
-Bueno, cariño, -dijo
el padre de Carlos a la madre de éste- me tengo que ir a trabajar,
que llego tarde.
-De acuerdo, adiós
cariño -dijo la madre -, y tú, Carlos, termina el desayuno rápido,
que pierdes el autobús.
Carlos asintió con un
movimiento de cabeza, terminó en un tiempo récord de desayunar, le
dio un beso a su madre en la mejilla seguido de un “hasta luego”
y salió de casa. Después se subió en el autobús y comenzó un día
más de clase para él. En el colegio, Carlos estaba inquieto, porque
notaba como si alguien lo observara. Pueden parecer unos pensamientos
extraños para un niño de cuarto de primaria, pero tenía razón,
alguien lo observaba. Por esta razón, estaba distraído en clase y
más de un profesor le llamó la atención, pero Carlos no se relajó,
y no se concentró en ningún momento en las clases. Cuando sonó por
fin el timbre que anunciaba el final de las clases, Carlos salió
disparado hacia la parada del autobús, pero al llegar allí se le
anunció que el autobús estaba averiado. Entonces, deseando llegar a
casa para ver a su madre, decidió ir a pie, aunque tuviera que
hacerlo durante media hora.
Al principio todo iba bien, pero
entonces empezó a sentirse, de nuevo, observado. Cuando se giraba,
en cambio, no veía a nadie, y siguió así durante un rato más.
Pero entonces, Carlos se giró
de nuevo con gran rapidez y vio a su perseguidor: un hombre de
mediana edad con unos ojos de un tono azul que el chico no había
visto en su corta vida. Asustado, corrió y corrió sin mirar atrás,
aunque el hombre gritaba diciendo:
-¡No vayas chico, no
lo hagas!
Pero Carlos no lo escuchaba, y
siguió corriendo hasta que llegó a la puerta de su casa, la que
abrió con fuerza. Ya en el interior de la casa, llamó a su madre
con voz en grito:
-¡¡Mamá, dónde
estás!!
Dejó la mochila en el suelo con
violencia, y acto seguido, empezó a buscarla por todas partes, hasta
que oyó un estruendo en el piso de arriba y fue hasta allí. Cuando
entró en el dormitorio de sus padres, no pudo evitar soltar un
grito, al ver a su madre inmóvil en el suelo y un hombre a su lado
mirándolo con unos ojos verdes-azulados. Intentó moverse, pero no
pudo, era como si no pudiera apartar la vista del hombre. Pero éste
solo dijo:
-Ella no será la única
víctima, Carlos, ándate con cuidado.
Y, dicho esto, el hombre se
desvaneció en el aire. Carlos se quedó allí de pie, blanco como el
papel, con lágrimas en los ojos e incapaz de moverse. Cuando
consiguió moverse del sitio, se acercó a su madre para
verla más de cerca. Cuando se encontró a su lado, pudo ver que una
simple rama atravesaba su cuerpo limpiamente, y que su pelo rubio se
había vuelto blanco.
Carlos se despertó en su
cama cubierto de sudor y respirando entrecortadamente.
“Ha sido una
pesadilla-se decía a sí mismo-, no, no ha sido una
pesadilla, ha sido el recuerdo del día del asesinato de mi madre,
aunque lo he sentido como si pasara de nuevo, con detalles que ya no
recordaba”.
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