PRÓLOGO
-Clara-decía
un hombre-,ven, acércate. Ésta descubrió horrorizada que se sentía
atraída hacia ese hombre, y que sus ojos la hipnotizaban, y empezó
a acercarse a él. Cuando el hombre ya sostenía una sonrisa al
observar a ésta aproximándose a él, una voz sobresaltó
a Clara.
-Clara, -decía-,
Clara,despierta.
Clara se despertó y no se
encontró frente al hombre de mirada hipnotizadora, ante ella se
encontraba su madre de melena rubia.
La chica se desperezó en
el asiento del copiloto del coche, en el que pensó que debería
encontrarse otra persona, su padre. La persona que,según su madre,
murió en un accidente de coche. Clara nunca llegó a conocerlo, y su
madre no guardaba fotos de éste, por lo que no sabía ni cual era su
rostro.
Pero eso no le preocupaba
ahora mismo, porque debía pensar en otras cosas.
Clara estaba segura de
que allí, en España, iba a ser diferente, puesto que estos por
norma general eran de piel oscura,pelo moreno y ojos oscuros,mientras
que ella tenía la piel clara, el pelo color marrón rozando el tono
rojizo y unos grandes ojos azules-verdosos.
También pensó en que
echaría de menos Noruega, pero no le preocupaba el idioma, puesto
que había aprendido el español desde que era muy pequeña, y lo
hablaba casi tan bien como su lengua materna, el inglés.
Pero lo que le preocupaba de
verdad era el motivo por el cual su madre había querido mudarse
después de tanto tiempo, se lo había comentado a ésta, pero ella
siempre cambiaba de tema para no darle una respuesta.
Aún así, pensaba
disfrutar en su nuevo hogar con su madre y las personas que conociera
allí.
Unos quince minutos
después, la madre de Clara aparcaba frente a su nueva casa.
-¿Te gusta la
casa?-preguntó su madre-, es bonita, ¿a que sí?
-Me gusta mucho
-respondió Clara-
Dos minutos más tarde,
Clara y su madre atravesaban el umbral de la casa, sin saber que nada
volvería a ser lo mismo, sobre todo para Clara.
Muy lejos de allí, un
hombre observaba a las dos figuras con una expresión en el rostro
indescifrable.
-¿Es ella, mi señor?
-preguntó su sirviente-
El hombre contestó:
-En efecto Rich, pero
no sólo la he localizado a ella.
Acto seguido, acarició la bola
que se hallaba ante él y Rich pudo ver cómo aparecía en ella
un niño de doce años rubio con
ojos verdes.
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