martes, 9 de julio de 2013

Prólogo


                                          
                                     PRÓLOGO

  -Clara-decía un hombre-,ven, acércate. Ésta descubrió horrorizada que se sentía atraída hacia ese hombre, y que sus ojos la hipnotizaban, y empezó a acercarse a él. Cuando el hombre ya sostenía una sonrisa al observar a ésta aproximándose a él, una voz sobresaltó
a Clara.
-Clara, -decía-, Clara,despierta.
Clara se despertó y no se encontró frente al hombre de mirada hipnotizadora, ante ella se encontraba su madre de melena rubia.
La chica se desperezó en el asiento del copiloto del coche, en el que pensó que debería encontrarse otra persona, su padre. La persona que,según su madre, murió en un accidente de coche. Clara nunca llegó a conocerlo, y su madre no guardaba fotos de éste, por lo que no sabía ni cual era su rostro.
Pero eso no le preocupaba ahora mismo, porque debía pensar en otras cosas.

Clara estaba segura de que allí, en España, iba a ser diferente, puesto que estos por norma general eran de piel oscura,pelo moreno y ojos oscuros,mientras que ella tenía la piel clara, el pelo color marrón rozando el tono rojizo y unos grandes ojos azules-verdosos.
También pensó en que echaría de menos Noruega, pero no le preocupaba el idioma, puesto que había aprendido el español desde que era muy pequeña, y lo hablaba casi tan bien como su lengua materna, el inglés.
Pero lo que le preocupaba de verdad era el motivo por el cual su madre había querido mudarse después de tanto tiempo, se lo había comentado a ésta, pero ella siempre cambiaba de tema para no darle una respuesta.

Aún así, pensaba disfrutar en su nuevo hogar con su madre y las personas que conociera allí.

Unos quince minutos después, la madre de Clara aparcaba frente a su nueva casa.
-¿Te gusta la casa?-preguntó su madre-, es bonita, ¿a que sí?
-Me gusta mucho -respondió Clara-
Dos minutos más tarde, Clara y su madre atravesaban el umbral de la casa, sin saber que nada volvería a ser lo mismo, sobre todo para Clara.

Muy lejos de allí, un hombre observaba a las dos figuras con una expresión en el rostro
indescifrable.
-¿Es ella, mi señor? -preguntó su sirviente-
El hombre contestó:
-En efecto Rich, pero no sólo la he localizado a ella.
Acto seguido, acarició la bola que se hallaba ante él y Rich pudo ver cómo aparecía en ella
un niño de doce años rubio con ojos verdes.

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