domingo, 14 de julio de 2013

Cap.9


                      CAPÍTULO 9:
                                 Aprender magia
    -Vamos Clara -dijo Yuc-, sigue intentándolo.
Clara estaba intentando hacer la tarea que su maestro le había mandado: convertir el agua de un vaso en un bloque de hielo. Por más que lo intentaba, no lo conseguía. De hecho, desde que empezó a aprender a usar la magia con Yuc hacía tres meses, la mayoría de las veces no le salían los hechizos como tenían que ser.
    -A ver Clara, escúchame, debes sentir la magia, deja que fluya a través de tu mano. Inténtalo otra vez.
Clara asintió. Relajó los músculos, cerró los ojos y lo intentó de nuevo. Cuando abrió los ojos, no había agua. En vez de eso se encontró con un bloque de hielo. Lo había conseguido.
    -Muy bien Clara. Ese era tu problema: estabas muy tensa y la magia no fluía a través de tu mano. Cuando hagamos un par más de hechizos básicos, te enseñaré hechizos complejos.
Clara asintió de nuevo y sonrió. Faltaba un poco menos para que pudieran ir a rescatar a Carlos. De hecho, saber hacer hechizos básicos con todos los elementos es tener un buen nivel de magia. Todavía recordaba el primer día de su enseñanza en la magia, fue uno de los mejores de su vida. Aquel día...
     -Clara -dijo Yuc-, hoy es el primero de los muchos días en los que te voy a enseñar a utilizar tu magia. Hoy repasaremos lo que ya sabes hacer.
    -¿Lo que ya sé hacer? -dijo Clara-, ¿y qué se hacer?
    -Antes de nada, seguidme Clara y Marta.
    -¿Por qué salimos de la casa? -preguntó Marta-, ¿qué se puede hacer aquí?
    -Volar -dijo solamente Yuc-.
Clara lo miró sorprendida.
¿Volar, sé volar, puedo volar...? -se dijo para sí-.
    -En efecto Clara, pero debes practicar. Empieza por algo sencillo. Empieza a correr, y poco después da un gran salto, a ver qué sucede, y no te preocupes, la barrera hace invisible todo lo que hacemos aquí en el descampado.
Clara asintió. Miró a Yuc y a Marta y entendió el mensaje de sus miradas: inténtalo, puedes hacerlo bien.
Empezó a correr, saltó lo más alto que pudo y no se atrevió a mirar hacia abajo hasta que creyó que no se caería al suelo. Soltó un grito de júbilo y pensó:
puedo volar, increíble pero ¡puedo volar!
Intentó volar más alto, pero Yuc le dijo con un gesto que se estuviera quieta. A continuación, murmuró unas palabras y Marta y él empezaron a flotar hasta estar a la altura de Clara. Entonces Yuc dijo:
    -Lo que estás haciendo ahora mismo es un hechizo elemental del elemento aire. En tu caso, la habilidad de volar es innata. Podrías haber volado si lo quisieras cuando aún gateabas, pero tenías que desear volar para poder hacerlo, y hoy lo has conseguido. Ahora, intenta dar una voltereta. Sólo tienes que impulsarte e inclinarte hacia delante.
Clara lo intentó y lo consiguió al instante.
Yuc prosiguió:   
  -Vale, ahora para volar más alto debes saltar, y listo. Para bajar, inclínate hacia abajo y, cuando estés cerca de la superficie del suelo, ponte de pie. Pero antes debo poner algo de protección por si acaso.   
   -Murmuró de nuevo y en el suelo del descampado apareció una enorme colchoneta-. De acuerdo Clara, ahora sí puedes.
Clara intentó primero volar más alto, y no lo hizo mal. Pero para aterrizar... bueno, eso fue otra historia. Siempre se estrellaba contra la colchoneta, nunca conseguía ponerse de pie a tiempo. Cuando estaba a punto de darse por vencida, Marta le dijo:
    -¡Vamos Clara, tú puedes!
Eso le dio ánimos, y lo intentó por última vez. Se inclinó hacia abajo y cuando se posó en el suelo con suavidad, se dio cuenta de que, por fin, lo había logrado. Había aterrizado, y sin llevarse ni un golpe esta vez. Estaba segura de que a su madre no le haría mucha gracia tener una hija que supiera volar y que pudiera ensuciarle la pared de pisadas de zapatos.

    -Clara... Clara...
Volvió al mundo real. Yuc la estaba llamando.
    -¿Sí? -preguntó Clara-.
    -Mañana continuaremos. Por hoy ya has hecho bastante.
Clara sonrió de oreja a oreja. Tenía el resto de la tarde libre, y no eran más de las seis.
Marta pareció pensar lo mismo. Se despidieron de Yuc y salieron fuera. Hacía un día soleado y puede que con demasiado calor para ser finales de marzo.
    -¿A dónde vamos? -preguntó Marta-.
    -No lo sé -respondió Clara-.
    -Umm... ¿ y si vamos al cine?
    -Sí, hay una película que quería ver hacía tiempo.
    -¡Pues vamos!
Y se fueron hacia el cine. Aquella tarde Clara se divirtió tanto que no pensó en Carlos.



    Su maestro le había hecho practicar dos horas seguidas hechizos de magia oscura, y Carlos estaba harto de invocar a espíritus y demás. De hecho, lo único que se podía hacer allí era comer, dormir y practicar hechizos. Muchos hechizos. De vez en cuando cuando Raf y su ayudante se iban por “asuntos del mal” como decían ellos, se daba una vuelta por el enorme templo, y no era muy emocionante. En la última expedición, lo más interesante que había encontrado había sido una cuna de madera que debía de tener por lo menos doce años.
Y cuando volvían, se iba volando (literalmente) hacia su habitación para que no le pillaran. También se sentía confuso, se debatía entre la luz y la oscuridad, vamos, que la esencia del antiguo Carlos todavía estaba presente en él. No sabía cómo acabaría aquello, pero cuando pensaba en ello su idea se dividía en dos: algunas veces quería que Yuc, Clara y Marta lo rescataran, y otras veces quería capturar a Marta y a Clara y que su maestro se sintiera orgulloso de él.
      Quería recuperar a Clara y también   
                 quería capturarla.

3 comentarios: