CAPÍTULO
7:
Capturados
Clara se despertó con un
grito, había vuelto a soñar con el hombre de ojos raros, solo que
ésta vez ella no se acercaba a él, si no que él era el que se
acercaba más y más a ella... y a Carlos y Marta. Ésta última se
había convertido en su mejor amiga, y Carlos, en su mejor amigo. En
los dos confiaba plenamente. Subió la persiana de la única ventana
de su cuarto y
vio que estaba nevando. Para
ella era algo muy normal en Noruega, pero en Granada, según había
oído, hacía varios años que no nevaba. Clara miró el calendario
que había colgado en la pared de su cuarto. Once de enero, llevaba
en Granada casi seis meses. También miró el despertador, eran las
siete menos cuarto, debía levantarse y prepararse para el instituto.
Se vistió. Eligió un jersey
verde y unos pantalones vaqueros. También se puso unas botas de
goma, para no resbalar en la nieve.
Después bajó a desayunar,
donde se encontró a su madre preparándole el desayuno. Cuando se
lo puso sobre la mesa, Clara no se lo podía creer, su madre le había
preparado lo que más le gustaba a ella: tostadas de mantequilla y
mermelada de fresa y una taza de leche caliente. Cuando terminó, le
dijo adiós a su madre y salió por la puerta principal. Al final de
la calle, vio que Carlos y Marta ya la estaban esperando.
Aunque Marta viviera bastante
lejos de la calle de Carlos y Clara, se negaba a ir en el coche de
sus padres aguantando sus sermones sobre las notas que no consideran
buenas (una nota menor de nueve y medio), e ir con Clara y Carlos al
instituto hacía que los perdiera de vista.
Los tres empezaron su camino
al instituto combinado con las risas de Marta y Clara cuando veían a
Carlos resbalándose con la nieve. Cuando cruzaron la puerta
principal, el timbre estaba sonando, por lo que se apresuraron a
subir a su clase.
-¿Hoy es el día señor?
-preguntó Rich a su amo-.
-Así es -respondió el
hombre-, y todo gracias a ése collar.
-¿De verdad?
-Sí, no te miento, el
colgante me ha ayudado a localizarlos a los tres, y ése Yuc no podrá
hacer nada al respecto-Había un toque de maldad en ésas últimas
palabras-. Pero paciencia,
debemos esperar hasta esta
tarde.
Las clases a Clara no le
parecían tan aburridas puesto que estaba sentada con sus dos mejores
amigos (al final el plan de ser alérgico al polen a Carlos le sirvió
para que lo cambiaran de sitio), y se le pasaron muy rápido. Como la
madre de Clara no volvía a casa hasta tarde, le pidió a Marta y a
Carlos que la acompañaran a la cafetería para que se comprara un
bocata.
Cuando ya salían por la
puerta rumbo a casa, el cielo se llenó de unas nubes negras, que
anunciaban una gran tormenta. Marta soltó un grito, había tenido
hacía poco otra visión en la que pasaba exactamente lo mismo, y no
le gustaba lo que venía después.
-¡Corred! -chilló Marta-.
Clara y Carlos confiaban en
ella, y, después de que Clara tirara el bocata al suelo, echaron los tres a correr. Cuando no
llevaban ni cinco minutos corriendo, ante ellos apareció el hombre
de sus pesadillas, el hombre de ojos azules-verdosos. Lo esquivaron y
empezaron a correr en otra dirección, sin saber a dónde ir, sólo
para alejarse de aquel hombre. Entonces giraron en una calle y se
encontraron en un callejón sin salida. Estaban perdidos. El hombre
los alcanzó enseguida, pero no apareció sólo: a su lado estaba
otro hombre: el de ojos violetas, el que casi se llevó a Carlos
aquel día en el parque. Marta, que sabía lo que pasaría a
continuación, intentó cambiarlo y con un grito se lanzó contra los
hombres. Antes siquiera de que los tocara, el hombre de ojos
violetas, Rich, levantó la mano murmurando unas palabras y Marta
cayó al suelo.
Clara sólo habló entonces
con voz en grito.
-¡Qué le habéis hecho!
El hombre de ojos violetas
respondió con dureza:
-No hemos acabado con ella,
sólo está inconsciente, pero no la toquéis o...
Clara no añadió nada más,
y Carlos menos. Sabían que la vida de Marta estaba en juego.
Clara no aguantó más, se
tiró al suelo y empezó a llorar. Carlos no sabía qué hacer, y se
quedó donde estaba, sólo se quitó la mochila, la dejó en el suelo
y a continuación hizo lo mismo con la de Clara. Ambos se desmayaron,
pero no fue por los poderes de la pareja de hombres, se desmayaron
por puro agotamiento.
Mientras, Yuc corría
desesperado por Granada buscando a los chicos. Cuando encontró el
callejón no había ni un alma, pero notó la presencia de magia, y
supo que habían estado allí.
-No puede ser, los he
perdido -murmuró-, y no tengo nada con lo de empezar a buscar.
Marta se despertó. Se
encontraba en una habitación oscura, iluminada por una única vela.
No pudo ver nada, y pensó que estaba sola. Sin embargo, oyó la
inconfundible voz de su mejor amiga Clara. Se acercó a ella con
cuidado de no tropezar con algo y al fin se encontró al lado suya.
-¿Clara? -preguntó en
susurro-.
-Marta, ¿eres tú?
-Sí. -Y se fundieron en un
abrazo-.
-¿Sabes dónde estamos?
-No, pero al menos aquí no
me regañan mis padres por las notas que saque.
-Espera un momento, ¿y
Carlos?.
-No..., no lo sé Clara.
-Pues yo sí lo sé -dijo
alguien ajeno a la conversación que habían tenido-.
A continuación, una luz que
iluminó la sala las obligó a taparse la cara con las manos. También
vieron que quien había hablado era el hombre de ojos
azules-verdosos. Pero no estaba solo. Detrás de él entraron el
hombre de ojos violetas seguido de dos guardias que sujetaban a
Carlos.
-¡Soltadlo! -gritó
Clara-.
El hombre de ojos violetas dijo:
-¿Soltadlo?, no, ni hablar.
Además, no sabes ni quién es tu amigo en realidad, ¿a que no? Pero
no te preocupes, dentro de unos minutos lo descubrirás.
Tras una señal que el
hombre de ojos azules-verdosos hizo a los guardias, llevaron a Carlos
hasta el centro de un círculo con un cuadrado y un triángulo
cruzados en su interior, a pesar de que el chico intentó liberarse.
-¡Dejadme!
Pero los guardias no le
hicieron caso, se alejaron unos metros mientras los dos hombres magos
se colocaban alrededor del círculo. El de ojos azules-verdosos dijo:
-Sujetadlas, pero que no
estén las dos juntas, ¿entendido?
Momentos después, los
guardias sujetaban a Clara y a Marta. Pero al de ojos violetas no le
pareció suficiente y, tras murmurar algo, Marta y Clara se
encontraron encerradas dentro de dos jaulas, una para cada una.
Entonces, sí que sí, los
hombres empezaron a decir palabras en un idioma que ni Clara ni Marta
conocían. Carlos empezó a chillar de dolor, y Clara también chilló
con lágrimas en los ojos. Marta, por su parte, intentaba escapar de
la jaula para ayudar a sus amigos, aunque muy pronto descubrió que
era imposible. Una especie de aura violeta rodeaba las dos jaulas, y,
si la tocabas, te daba una pequeña descarga eléctrica. Al final se
rindió y puso la barbilla encima de sus rodillas.
Mientras, Clara seguía
gritando el nombre de Carlos, y éste no paraba de retorcerse en el
suelo. Entonces, sin previo aviso, dejó de moverse. Clara lo tomó
por muerto, e intentó salir de aquella maldita jaula. Cuando chocó
su cuerpo contra el aura, recibió una descarga que la echó hacia
atrás, pero no se desmayó. Cuando se levantó se fijó en que
Carlos se había levantado del suelo, pero se dio cuenta de que ahora
no era él: su pelo se había vuelto negro, y sus ojos se habían
vuelto muy oscuros, parecía que una tormenta se desataba en ellos.
Por no hablar del aura oscura como la noche que lo rodeaba y la
sonrisa maligna que esbozaba.
-¡QUÉ LE HABÉIS HECHO!
-gritó Clara a pleno pulmón-, MONSTRUOS.
De repente, Clara sentía que
algo había despertado en su interior, y se sentía el triple de
fuerte de hace unos segundos. Se lanzó contra el aura de la jaula y,
para su sorpresa, la atravesó fácilmente. Deseó que la barrera de
la jaula donde estaba Marta también desapareciera y de su mano brotó
un haz de luz roja que destruyó el aura, por lo que Marta podría
salir de ella, sin embargo, ésta no se movió.
Marta estaba asustada.
había visto la transformación de sus dos mejores amigos, pero le
sorprendió más la de Clara. Cuando se había enfurecido tanto,
había cambiado casi por completo: un aura blanca rodeaba a Clara,
sus ojos se habían vuelto casi negros y su pelo ahora era
completamente rojo, y parecía fuego. No nos olvidemos de que había
pasado la especie de barrera y destrozado la de su jaula. Volvió a
la realidad. Clara la había liberado, podía salir de allí. Sin
embargo, lo que hizo fue ponerse al lado de Clara, aunque manteniendo
una distancia prudente de ella.
-Vaya, vaya, vaya -dijo el
hombre de ojos azulea-verdosos-, ya has visto Clara lo que se ocultaba tu interior, por no
hablar de tu amiguito Carlos. ¿Sabes lo que le he hecho?, he sacado
su lado oscuro fuera de él. Y era mucho, por cierto, gracias a eso
he sacado todo el potencial de ti, hija.
-Eres un idiota, ¿te crees
que me voy a tragar eso?, estás mintiendo, lo has hechizado o algo,
no lo sé, pero que te quede claro que ¡no soy tu hija!, no me
parezco en nada a ti. -dijo Clara-.
-¿De verdad?, entonces,
¿cómo explicas esto? -acto seguido chasqueó los dedos y el pelo de
Clara se echó a un lado del cuello, dejando al descubierto una marca
de nacimiento en forma de triángulo, y a continuación, él dejó
que viera que tenía exactamente la misma marca en el mismo sitio que
la de ella-.
No, no puede ser...
-dijo Clara para sí cada vez más confusa-, ¿cómo es posible?
-No estoy
mintiéndote, Clara. De hecho, aunque no me creas, dentro de poco
alguien te lo dirá.
Clara empezó a hundirse,
estaba cada vez mucho más angustiada y triste. Primero dejó de
flotar y sus pies tocaron el suelo, después sus ojos se volvieron de
ese extraño tono suyo y su pelo se volvió castaño. Sólo quedaba
esa aura rojiza a su alrededor, pero ahora era menos espesa. A
continuación, tiró el colgante de la caracola al suelo y se desmayó
por segunda vez en un día.
Marta se había quedado
atónita. Su mejor amiga que había conocido recientemente, resultaba
ser una especie de maga, y Carlos..., bueno, en realidad no sabía
qué era, pero se dio cuenta de que no miraba a Clara ni a nadie,
tenía la vista fija hacia el frente, y no parecía que se enterara
de lo que pasaba a su alrededor. Pero cuando se dio cuenta de que
Marta lo estaba observando, clavó la mirada en ésta, lo que hizo
que a la chica le diera un escalofrío: sus ojos no parecían
humanos. Al no poder soportar la mirada de el nuevo Carlos, bajó la
vista hacia el suelo, y Carlos volvió a clavar la vista hacia el
frente.
-Bueno, bueno -dijo el
hombre de ojos azules-verdosos, como puedes observar, querida Marta,
no conocías a tus amigos tan bien como tú creías, ¿verdad que no?
-al no obtener una respuesta, siguió hablando-, pero tampoco te
conoces a ti misma..
No pudo continuar, porque en
ése momento apareció Yuc de la nada.
-Anda, también se une a la
fiesta el mago que abandonó a los niños cuando más lo necesitaban.
-Cierra el pico, Raf, tú no
sabes nada -dijo Yuc-.
Mientras discutían, Marta
sacudía a Clara para despertarla. Al cabo de poco, lo consiguió.
-Do..¿dónde estoy?
-¡Al fin! -exclamó Marta-,
pues, verás, te lo resumo todo: te has transformado en una especie
de maga, el hombre de ojos raros que se llama Raf ha dicho que es tu
padre, has tirado tu colgante al suelo y mientras te echabas una
cabezadita, ha aparecido Yuc. Nada impactante, en verdad -dijo con
ironía-.
Entonces presenciaron una
pelea de magos, (evidentemente entre Raf y Yuc).
Marta, Clara e incluso Carlos
observaban a las dos magos lanzándose entre sí rayos y derivados.
Entonces, Raf cayó al suelo y Yuc se acercó a las chicas.
-¡Tenemos que irnos!
-¡No fastidies! -dijo
Marta-, no lo había notado.
Yuc no le hizo caso, y le
dijo a Clara:
-Sólo tú puedes sacarnos
de aquí, escúchame y repite conmigo:
Aquí estamos atrapados, y
queremos ser liberados.
Clara lo repitió, y Yuc
siguió hablando.
Debemos volver al lugar
anterior con la magia similar a mi perseguidor, tres personas
deben regresar, un mago y una joven que a mi lado se encuentran. Con
estas palabras mi libertad es liberada.
Clara repitió las palabras
del mago con lágrimas en los ojos, porque era consciente de que
dejaban a Carlos atrás, y empezaron a dar vueltas...
Cuando abrieron los ojos, no
se encontraban en la sala de la transformación de Carlos, si no en
el callejón donde habían estado esa mediodía y donde,
sorprendentemente, también estaban sus mochilas.
Marta estaba atónita, Yuc
estaba meditando algo y Clara se encontraba en medio de una
depresión. Era consciente de que había perdido a su mejor amigo.
Yuc empezó a hablar al cabo
de unos segundos que a Marta le parecieron eternos:
-Chicas, os prometo que os
lo explicaré todo, pero no ahora, aquí corremos peligro, seguidme.
Debéis confiar en mí. Al principio Marta y Clara no se movieron,
pero recordaron que, seguramente, Yuc les había salvado la vida.
Cuando Clara vio que Marta empezaba a andar detrás de Yuc, los
siguió, porque no quería quedarse sola.
Al cabo de un rato andando,
llegaron enfrente de un descampado.
-Ya hemos llegado -dijo
Yuc-, éste es mi escondite.
-¿Esto? -preguntó Marta-,
pues no te van a encontrar pronto ni nada...
Yuc volvió a ignorarla, y
les dijo que entraran al descampado.
Clara y Marta obedecieron, y
cuando cruzaron la línea que separaba la acera con el descampado...,
lo que se encontraron fue una casa enorme.
Yuc les dijo con un gesto que
entraran, y segundos después cruzaban lo que parecía ser la
entrada. Lo que había dentro era todavía mas sorprendente: no había
ningún tipo de lámpara, puesto que la iluminaba diminutos cristales
azules que había en la pared de piedra.
Había diversos cachivaches
en todas las habitaciones, y dedujeron que eran mágicos sólo con
mirarlos. También había muebles normales y corrientes, pero había
otros que eran todo lo contrario: sillas que se movían solas, mesas
que flotaban y demás.
Yuc se paró en una sala y
les dijo que pasaran, y las dos lo siguieron. A continuación les
pidió que se pusieran cómodas, y los tres se sentaron en unas
butacas alrededor de una mesa redonda de madera.
-Bueno, os voy a explicar lo
que os pasa a los tres, ¿de acuerdo?
Las chicas asintieron con un
movimiento de cabeza, y Yuc empezó a hablar.
Me encanta Anita ES............. INCREÍBLEEEEE
ResponderEliminarGracias guapa!!!
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