CAPÍTULO
11:
Confusión
Clara
abrió los ojos. Le costó recordar qué hacía en una celda, y le
vino a la cabeza todo lo que había pasado ayer. Sí, había visto a
Carlos, pero gracias a eso ahora estaba capturaba, y le inquietaba
mucho lo que podía hacerle su padre.
Recordó que, hace apenas de
un año, quería que su vida fuera... diferente. Pero no se refería
a esto. Ella quería tener un padre que la quisiera. Un padre que se
sentara en el asiento del copiloto en los viajes en familia. Clara
quería poner la mesa y poner cuatro tenedores en vez de tres. No
quería uno que la quisiera por el poder que ella tuviera.
Se levantó de la cama, y
observó que encima de la mesita había un buen desayuno: un vaso de
leche y pan con mantequilla. Por lo menos eso significaba que no
querían dejarla morir de hambre en aquella celda oscura. Aun así,
le inquietaba lo que su padre pudiera hacerle. Suspiró. Estaba
hambrienta, por lo que se sentó en una silla cercana y empezó a
comerse su desayuno.
Carlos se despertó
sobresaltado. Había tenido una pesadilla que al antiguo Carlos le
pareció horrible: en ella Raf torturaba a Clara para que se volviera
de su lado. Y pensó que seguramente eso es lo que le pasaría a
Clara.
-¡No! -gritó para
sí- eso es lo que quiero, que mi maestro consiga lo que se
proponga y que se sienta muy orgulloso de mí.
Esos pensamientos le
hicieron volver a ser como era antes de despertarse: un chico con el
pelo tan negro como su corazón y que obedecía a todo lo que le
decía su maestro y señor.
De repente, Raf se materializó
frente a él.
-Carlos, voy a preparar lo
de hoy, y necesito algunas cosas. Tú vigilarás a mi hija,
¿entendido?. Volveré a primera hora de la tarde.
Y desapareció.
Carlos, como buen aprendiz
que era, murmuró el hechizo que le haría aparecer en la puerta de
la celda de Clara.
Había un silencio
imperturbable en la sala de estar del escondite de Yuc. Marta se
encontraba allí con él. Ella estaba leyendo un libro con el título
de: gente que ve más allá de nuestros ojos, que la ayudaba a
saber cosas que podía hacer ella. Yuc, en cambio, leía uno de
hechicería con un título en latín que Marta no supo descifrar.
Estaba desesperada por ir a
rescatar a Clara, pero sabía que Yuc llevaba razón y debían
esperar el tiempo suficiente para que Raf y Rich no sospecharan nada.
Pero nada le impedía hablar, por lo que formuló una pregunta que
rompió el silencio:
-¿Dónde estabas el día
que..., ya sabes, que no capturaron?
Yuc aguantó la respiración
unos momentos, pero enseguida se recuperó y respondió la pregunta
de Marta:
-Buscaba ayuda de un clan
de magos y magas que había en... América.
-¿Y qué pasó? -preguntó
de nuevo Marta-.
-Pues que... -se calló un
momento y continuó-, Raf y Rich los habían matado a todos.
Marta ahogó un grito.
-¿A todos?
Yuc asintió con tristeza.
-Cuando llegué... no pude
hacer nada. Lo único que pude llegar a ver fue a un mago muy amigo
mío que murmuró el nombre de Rich y Raf. Después se desplomó en
el suelo, muerto.
Yuc estaba conteniendo las
lágrimas. No quería llorar delante de Marta. Porque lo que ella no
sabía era que entre los magos y magas... estaba toda su familia.
-Lo... lo siento muchísimo,
Yuc. Pero piensa que se lo haremos pagar a los dos, ¿de acuerdo?, tú
fuiste el que me dio fuerzas para seguir adelante aunque hubiera
perdido a mis dos mejores amigos.
Acto seguido lo abrazó.
Quería a Yuc como un segundo padre, y no soportaba verlo así.
Yuc no dijo nada, estaba
seguro de que si empezaba a hablar se le saltarían las lágrimas.
Clara se levantó de su
cómoda silla al notar a alguien materializándose al otro lado de la
puerta de la celda. Esperaba encontrarse con Rich o incluso con su
padre, pero estaba muy equivocada, porque ante ella apareció Carlos,
y no estaba preparada para ello.
Se miraron a los ojos
largo rato a través de los barrotes apenas sin pestañear. Fue
Carlos quien apartó la mirada primero. Clara estaba casi segura de
haber visto un destello azul en sus ojos, pero no podía estar
segura. Lo que sí advirtió era que Carlos sufría una especie de
debate en su cuerpo. De vez en cuando agitaba la cabeza, como si
quisiera alejar algo de su mente. Otras, se volvía hacia ella y le
dedicaba una mirada que a Clara le recordaba al Carlos que había
sido meses atrás. Sin embargo, la última vez sucedió algo todavía
más raro: Carlos se tiró al suelo y empezó a retorcerse durante un
buen rato. Cuando se levantó, Clara se quedó sin habla: Carlos
tenía el pelo castaño claro y tenía los ojos, de nuevo, azules,
casi era el de antes.
-Te voy a sacar de aquí.
-dijo casi gritando Carlos-.
A continuación, Clara sólo
pudo taparse la cara con las manos al ver lanzar a Carlos un hechizo
contra la celda. Cuando volvió a abrirlos, se encontró con la
puerta de la celda completamente calcinada y con Carlos respirando
entrecortadamente. Clara no se detuvo mucho más, salió por donde
antes había una celda y se paró frente a Carlos. Meditó durante un
tiempo si llevarse a Carlos o dejarlo allí y enseguida obtuvo la
respuesta: debía dejarlo allí. Todavía no estaba preparada para
romper el hechizo, de todas formas, Raf capturaría de nuevo a Carlos
y sería aún peor. Le dolía, pero era lo mejor.
Carlos pareció entender
los pensamientos de Clara, porque suplicó que la llevara con él.
Sin embargo, Clara lo ignoró y
murmuró el hechizo que la sacaría de allí. Antes de desvanecerse,
le dio un beso en la mejilla y dijo:
-Gracias.
Y desapareció.
Cuando Clara volvió a
sentir el suelo bajo sus pies, se encontró frente a unos
sorprendidos Marta y Yuc.
La primera en responder fue
Marta, que se echó a los brazos de Clara.
-¿Cómo has escapado?
-preguntó Marta-.
-Gracias a... Carlos.
A Yuc casi le da un
patatús.
-¿Carlos? Dijo Marta,
entonces significa que ¿ha vuelto a ser el de antes?
Clara miró a su mejor
amiga con tristeza.
-No, pero casi. Cuando me
fui de allí, Carlos tenía el pelo casi rubio y los ojos azules.
Creo que el hechizo es muy posible que lo consigamos romper la
próxima vez que nos encontremos con ellos.
Sin embargo, estaba muy
equivocada. Nada es lo que parece.
-¡Carlos!
-chilló furioso Raf-, ¡qué has hecho!
Carlos se atrevió a
responderle:
-He hecho que no
torturaras a Clara para que se vuelva como tú.
Raf se fijó más en su
aspecto, y descubrió lo evidente: Carlos ya casi era el de antes.
-Bueno, pues tengo una
solución.
Primero, le puso el colgante
que Clara había llevado hacía un día y llamó a Rich.
-¡Rich, traeme mi libro
de hechizos ya!
Este obedeció y en unos
minutos traía el libro que Raf había traído. Carlos entendió lo
que iba a hacer e intentó echar a correr. Pero no llegó ni a dar
dos pasos. Raf dirigió su mano a Carlos y este quedó parado en el
suelo, sin poder moverse. No dejó de buscar en el libro lo que
necesitaba mientras dirigía el hechizo a Carlos.
-Aquí está. -dijo Raf-.
Ahora nunca volverás a ser el de antes.
Murmuró el hechizo
necesario, pero Carlos solo entendió el final:
Duplico el
hechizo del diablo
para que
el chico
no
recuerde
nada.
Después de sentir el
hechizo recorrer todo su cuerpo, no recordó nada más. Al menos no
el Carlos de antes. El nuevo Carlos era aún más oscuro que antes...
Y era casi imposible romper
el hechizo.
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