miércoles, 24 de julio de 2013

Cap. 10


                          CAPÍTULO 10:
                                Sábado
-Sí, Carlos se encuentra mejor, no se preocupe -dijo Clara por teléfono-. Sí, la mantendré informada, no se preocupe, adiós.
Clara colgó el teléfono, aunque lo hizo de malas maneras porque estaba harta. Los padres de los amigos de Carlos llamaban por teléfono a su casa a casi todas horas, puesto que se inventó una excusa para que no llamaran al padre de Carlos, era demasiado para él. Descubrir que tu hijo se ha convertido oscuro y que domina la magia negra... bueno, se entiende. No le vendría bien gente preguntando por su hijo, y, encima, sin decir la verdad.
Mientras que Yuc, Marta, su madre, el padre de Carlos y ella sabían que era un aprendiz de la magia oscura consumido por el mal el resto del mundo pensaba que Carlos tenía una extraña enfermedad muy contagiosa que no se curaba fácilmente y que tenía que ser tratada. La verdad, Clara no se creía que la gente se lo tragara, pero mientras no supieran la verdad... todo iría más o menos bien. Sin embargo sufría. Y estaba segura de que Marta también lloraba por su mejor amigo, pero por no quitarle la esperanza, no lo hacía delante suya. Era ella la que se echaba en los brazos de ésta para llorar en su hombro para que la consolara, y no al revés. Marta era más fuerte, la que sabía qué hacer en los momentos difíciles, la que la ayudaba en todo lo que estuviera en su mano. Clara nunca había conocido a alguien como ella.
Entonces el teléfono volvió a sonar.
Seguramente será otro padre-pensó- y, con un suspiro cogió el teléfono-.
  

   -Carlos -dijo Raf-, llevas aprendiendo magia oscura desde hace ya varios meses. Ya es hora de que demuestres todo lo que has aprendido. Quiero que me traigas a Clara.
Carlos contuvo unos momentos la respiración, y después se atrevió a preguntar:
-¿Y Marta?
-He dicho que me traigas a Clara, ya es hora de que lo superes. Toma, esto te ayudará.
-¿Qué es eso? -preguntó cogiendo el collar entre las manos-.
-Es un colgante que hará que Clara pierda sus poderes mientras lo lleve puesto.
Acto seguido, se acercó a Carlos hasta que quedó a pocos centímetros de él, y miro sus ojos. Distinguió un destello azul en ellos. Reprimió un escalofrío.
Está volviendo a ser el de antes -pensó para sí-.
Después, se apartó de él.
-Hazlo, Carlos. Haz lo que he ordenado, y rápido.
-Carlos asintió. Segundos después, desapareció en el aire.
Eso será suficiente para que se vuelva como deseo -pensó de nuevo-.
Y sonrió.
 

   Clara colgó. No se equivocaba, era un padre quien la había llamado.
Miró el reloj de la pared. Eran las seis de la tarde, y había quedado con Marta en el parque a las y media, por lo que se aseó y salió por la puerta principal andando tranquilamente. Para ese tipo de ocasiones, Clara prefería no usar sus poderes. Sólo los utilizaba cuando era necesario. Continuó andando hasta el parque. Llegó a las seis y veinticinco, pero Marta ya estaba allí esperándola. Clara aceleró el paso y se situó al lado de ella. La abrazó y le preguntó:
-¿Nos sentamos en aquel banco?
-Sí -respondió Marta-.
Se sentaron y Clara dijo:
-¿No está el parque muy vacío?, no hay nadie excepto nosotras dos.
-Es verdad, será mejor que nos vayamos.
Acto seguido se levantaron del banco y empezaron a andar rápido hasta la puerta del parque. Sin embargo, cuando no habían llegado ni a la mitad, una figura conocida apareció delante suya. Era Carlos.
Marta chilló, pero Clara se quedó mirándolo fijamente. No lo había visto hacía ya mucho tiempo, y verlo allí plantado...
Volvió a la realidad. Carlos ya no era el de antes, ahora estaba allí para capturarlas. Cogió la mano de Marta, y cuando estaba a punto de dar un salto para volar y sacarlas de allí, Carlos cogió su brazo. Clara soltó a Marta y le dijo:
-¡Huye, no te quedes ahí!
Marta no le hizo caso. Intentaba chillar, pero al no poder, entendió que Carlos la había hechizado. Sin embargo, no pensaba dejar a su amiga sola.
Carlos, mientras, tenía a Clara entre los brazos, que no paraba de retorcerse y chillar para soltarse. Cuando notó que Carlos le ponía el colgante, las fuerzas la abandonaron. Intentó hacer algún hechizo, pero le fue imposible. Entonces lo comprendió: el amuleto era lo que se lo impedía. Probó a intentar quitárselo, pero le fue, de nuevo, imposible. Se giró para mirar a Carlos a los ojos. Ahora solo quedaban dos lagunas negras que hizo que se le pusiera la piel de gallina. Lo que habían hecho con él... no tenía perdón.
Marta se dio cuenta de que no podía hacer nada salvo una cosa:
-¿Por qué? -preguntó con un hilo de voz-.
-No lo sé -dijo Carlos con tristeza-.
Y desapareció con Clara en una nube de humo negro.
Marta chilló con todas sus fuerzas:
-¡YUC!
Y empezó a llorar fuertemente.
Yuc escuchó el grito. Se temía lo peor. En cuanto llegó al parque, se encontró con una Marta inconsolable, y lo comprendió todo: Carlos había capturado a Clara. Se acercó a ella
e intentó darle palabras de ánimo, pero sabía que sería en vano. Lo único que podría consolar a Marta en esos momentos era su mejor amiga o su mejor amigo, y no estaban allí.
Cuando Yuc pensaba que Marta no iba a parar, ésta dejó de llorar y preguntó con churretones en la cara a Yuc:
-¿Vamos a ir a rescatarla, no?
-Por supuesto -respondió Yuc-, pero hoy no. Debemos esperar hasta dentro de unos días por lo menos, cuando hayan bajado la guardia y piensen que estamos acabados.
Marta asintió. No pensaba quedarse de brazos cruzados. Haría todo lo posible para recuperar a sus mejores amigos.
-Vamos -dijo Yuc-, demos la mala noticia a la madre de Clara, merece saberlo.
Marta asintió y le dio la mano a Yuc. Segundos después habían desaparecido, y parecía como si en esa tarde de primavera nada hubiera pasado.


-¡Suéltame! -gritó Clara-, ya no me puedo escapar.
Carlos la ignoró. Estaba en la sala donde debía de entregar a Clara a su maestro, y quería que estuviera orgulloso de él. Sin embargo, evitó mirar a Clara en lo poco que duró el viaje.
-Carlos, traes a Clara, ¿verdad?, bien hecho -dijo Raf-. Llévala a su celda, mañana empezará todo.
-¿Mi celda? -dijo Clara enfadada-, ¿así tratas a tu hija?.
-Te recuerdo que mi hija conoce la magia y si no te encarcelo, te escaparías -contraatacó Raf-.
Clara se rindió y dejó de hablar. Sin embargo, esta vez Carlos la soltó en el suelo y le dijo que la siguiera. Clara se resignó y obedeció. Cuando se pararon ante su “nuevo hogar”,
Carlos la empujó dentro y entró después él. Le quitó el colgante del cuello a Clara y salió por la puerta, cerrándola seguidamente con una pequeña llave dorada. Segundos después, se marchó.
Clara observó a su alrededor. La celda en realidad no era como se la había imaginado. Había una buena cama en el fondo y una pequeña mesa, pero seguía siendo una prisión de la que no podía escapar, tal como había dicho su querido padre. Intentó escapar de todas formas con un hechizo para materializarse en su casa. Al no funcionar, comprendió que la celda estaba a prueba de magia. Suspiró. Estaba agotada. Se tumbó en la cama dirigiendo sus últimos pensamientos a Marta, a la que tanto quería. Minutos después, se quedó dormida. Esa noche no la atormentaron las terribles pesadillas que solía sufrir.

domingo, 14 de julio de 2013

Cap.9


                      CAPÍTULO 9:
                                 Aprender magia
    -Vamos Clara -dijo Yuc-, sigue intentándolo.
Clara estaba intentando hacer la tarea que su maestro le había mandado: convertir el agua de un vaso en un bloque de hielo. Por más que lo intentaba, no lo conseguía. De hecho, desde que empezó a aprender a usar la magia con Yuc hacía tres meses, la mayoría de las veces no le salían los hechizos como tenían que ser.
    -A ver Clara, escúchame, debes sentir la magia, deja que fluya a través de tu mano. Inténtalo otra vez.
Clara asintió. Relajó los músculos, cerró los ojos y lo intentó de nuevo. Cuando abrió los ojos, no había agua. En vez de eso se encontró con un bloque de hielo. Lo había conseguido.
    -Muy bien Clara. Ese era tu problema: estabas muy tensa y la magia no fluía a través de tu mano. Cuando hagamos un par más de hechizos básicos, te enseñaré hechizos complejos.
Clara asintió de nuevo y sonrió. Faltaba un poco menos para que pudieran ir a rescatar a Carlos. De hecho, saber hacer hechizos básicos con todos los elementos es tener un buen nivel de magia. Todavía recordaba el primer día de su enseñanza en la magia, fue uno de los mejores de su vida. Aquel día...
     -Clara -dijo Yuc-, hoy es el primero de los muchos días en los que te voy a enseñar a utilizar tu magia. Hoy repasaremos lo que ya sabes hacer.
    -¿Lo que ya sé hacer? -dijo Clara-, ¿y qué se hacer?
    -Antes de nada, seguidme Clara y Marta.
    -¿Por qué salimos de la casa? -preguntó Marta-, ¿qué se puede hacer aquí?
    -Volar -dijo solamente Yuc-.
Clara lo miró sorprendida.
¿Volar, sé volar, puedo volar...? -se dijo para sí-.
    -En efecto Clara, pero debes practicar. Empieza por algo sencillo. Empieza a correr, y poco después da un gran salto, a ver qué sucede, y no te preocupes, la barrera hace invisible todo lo que hacemos aquí en el descampado.
Clara asintió. Miró a Yuc y a Marta y entendió el mensaje de sus miradas: inténtalo, puedes hacerlo bien.
Empezó a correr, saltó lo más alto que pudo y no se atrevió a mirar hacia abajo hasta que creyó que no se caería al suelo. Soltó un grito de júbilo y pensó:
puedo volar, increíble pero ¡puedo volar!
Intentó volar más alto, pero Yuc le dijo con un gesto que se estuviera quieta. A continuación, murmuró unas palabras y Marta y él empezaron a flotar hasta estar a la altura de Clara. Entonces Yuc dijo:
    -Lo que estás haciendo ahora mismo es un hechizo elemental del elemento aire. En tu caso, la habilidad de volar es innata. Podrías haber volado si lo quisieras cuando aún gateabas, pero tenías que desear volar para poder hacerlo, y hoy lo has conseguido. Ahora, intenta dar una voltereta. Sólo tienes que impulsarte e inclinarte hacia delante.
Clara lo intentó y lo consiguió al instante.
Yuc prosiguió:   
  -Vale, ahora para volar más alto debes saltar, y listo. Para bajar, inclínate hacia abajo y, cuando estés cerca de la superficie del suelo, ponte de pie. Pero antes debo poner algo de protección por si acaso.   
   -Murmuró de nuevo y en el suelo del descampado apareció una enorme colchoneta-. De acuerdo Clara, ahora sí puedes.
Clara intentó primero volar más alto, y no lo hizo mal. Pero para aterrizar... bueno, eso fue otra historia. Siempre se estrellaba contra la colchoneta, nunca conseguía ponerse de pie a tiempo. Cuando estaba a punto de darse por vencida, Marta le dijo:
    -¡Vamos Clara, tú puedes!
Eso le dio ánimos, y lo intentó por última vez. Se inclinó hacia abajo y cuando se posó en el suelo con suavidad, se dio cuenta de que, por fin, lo había logrado. Había aterrizado, y sin llevarse ni un golpe esta vez. Estaba segura de que a su madre no le haría mucha gracia tener una hija que supiera volar y que pudiera ensuciarle la pared de pisadas de zapatos.

    -Clara... Clara...
Volvió al mundo real. Yuc la estaba llamando.
    -¿Sí? -preguntó Clara-.
    -Mañana continuaremos. Por hoy ya has hecho bastante.
Clara sonrió de oreja a oreja. Tenía el resto de la tarde libre, y no eran más de las seis.
Marta pareció pensar lo mismo. Se despidieron de Yuc y salieron fuera. Hacía un día soleado y puede que con demasiado calor para ser finales de marzo.
    -¿A dónde vamos? -preguntó Marta-.
    -No lo sé -respondió Clara-.
    -Umm... ¿ y si vamos al cine?
    -Sí, hay una película que quería ver hacía tiempo.
    -¡Pues vamos!
Y se fueron hacia el cine. Aquella tarde Clara se divirtió tanto que no pensó en Carlos.



    Su maestro le había hecho practicar dos horas seguidas hechizos de magia oscura, y Carlos estaba harto de invocar a espíritus y demás. De hecho, lo único que se podía hacer allí era comer, dormir y practicar hechizos. Muchos hechizos. De vez en cuando cuando Raf y su ayudante se iban por “asuntos del mal” como decían ellos, se daba una vuelta por el enorme templo, y no era muy emocionante. En la última expedición, lo más interesante que había encontrado había sido una cuna de madera que debía de tener por lo menos doce años.
Y cuando volvían, se iba volando (literalmente) hacia su habitación para que no le pillaran. También se sentía confuso, se debatía entre la luz y la oscuridad, vamos, que la esencia del antiguo Carlos todavía estaba presente en él. No sabía cómo acabaría aquello, pero cuando pensaba en ello su idea se dividía en dos: algunas veces quería que Yuc, Clara y Marta lo rescataran, y otras veces quería capturar a Marta y a Clara y que su maestro se sintiera orgulloso de él.
      Quería recuperar a Clara y también   
                 quería capturarla.

jueves, 11 de julio de 2013

100 visitas!!

  Holaa!!! Bueno, bueno, en menos de tres días             tengo nada más y nada menos que
                               100 visitas!!!
    Gracias, gracias por ver mi blog!!!, seguiré       escribiendo para vosotros!!

Cap.8



                                              
                                 CAPÍTULO 8: 
                             Explicaciones
   -Bueno, dado que Marta está impaciente por saber qué puede hacer, diré eso lo primero:
eres una persona que puede ver cosas que la mayoría no puede. Eres adivinadora, sólo que tú tienes las visiones en sueños, pero también puedes ver el pasado -Cuando vio que Marta estaba a punto de hablar, la cortó con un gesto y siguió hablando-. Aunque creo que tienes otro poder que no acabo de reconocer..., pero no te preocupes, pronto saldrá a la luz. En cuanto a ti, Clara, es un poco más difícil de explicar. Los poderes que tienes son sobre los elementos: agua, tierra, aire y fuego. El agua y la tierra lo heredaste de tu abuela, el aire y el fuego de tu abuelo. Esos poderes se heredan de abuelos a nietos, y tu padre domina la magia, pero en cambio no domina los elementos como tú, Clara. Por eso va detrás de ti, porque eres más poderosa que él, solo que, con Rich, su ayudante, su poder se iguala al tuyo, y quiere tenerte en su mismo bando. Pero en realidad, toda persona tiene un don o una habilidad especial.
Pues buena suerte -pensó Clara-, no me pienso dejar atrapar.
-Bueno, eso es todo.
-Espera -dijo Clara-, ¿qué pasa con el poder de Carlos?
-¿De verdad quieres saberlo?, bueno, entonces te lo diré. Carlos, tal como lo conociste, tenía el poder corriente de cualquier mago que todavía no domina la hechicería. En cuanto Raf le robó su alma buena y sacó su lado oscuro, Carlos domina... la magia oscura.
Marta entonces sí, habló:
-Pe...pero ¿cómo que su lado oscuro?, ¿de dónde ha salido eso, también de su abuelo?
-En realidad de su madre, solo que ella renunció a convertirse en un mal para su familia, pero sabía que su hijo corría peligro, y estaba dispuesta a protegerlo con su vida, y lo consiguió. Pero en cuanto te mudaste a Granada, Clara, Raf detectó tu magia y os encontró a los tres.
Clara no se lo creía. ¿Era culpa suya lo que le había pasado a Carlos?
-Clara -dijo Yuc-, no es culpa tuya. Tarde o temprano el mal de Carlos iba a salir a la luz.
De hecho, si han cogido a Carlos ahora es lo mejor, cuando aún no domina bien la magia. Pero no te preocupes, lo rescataremos. Y será gracias a ti. Te voy a enseñar a utilizar tu magia, te voy a enseñar hechizos y a ponerlos en práctica y cuando tengas el nivel suficiente, iremos al escondite de tu padre, romperás el hechizo, Carlos volverá a ser el de antes y lo sacaremos de allí.
-Guau -dijo Marta-, menudo discurso, mago. Aunque tiene razón, Clara, estoy segura de que conseguiremos rescatar a Carlos.
Esto le dio fuerzas a Clara, que se puso en pie y dijo:
-De acuerdo, pero Marta estará conmigo en esto.
Yuc asintió, y entonces recordó algo.
-Son las siete y media, debéis volver. Con tu madre, Clara, no hay problema pero Marta...
-No os preocupéis, están acompañando a mi hermano Luis en la universidad porque tiene un examen muy importante.
-Entonces todo resuelto, puesto que el padre de Carlos también lo sabe..., pero, aún así, vamos a avisar a tu madre, Clara, y también al padre de Carlos.
Clara y Marta aceptaron, y, minutos después, salían del supuesto descampado e iban rumbo a la casa de Clara y Carlos.



   Primero llegaron a la casa de Carlos. Llamaron a la puerta y el padre de Carlos salió fuera a ver quién era.
-Hola Clara, hola Marta -pero se cayó al ver a Yuc-. Sin embargo consiguió continuar.
a ocurrido, ¿verdad?, han cogido a Carlos.
Yuc asintió con la cabeza, y le dijo lo mismo que le había dicho a Clara:
-Lo rescataremos Pablo, no lo dudes.
Pablo pareció tomárselo bien, les dio las gracias y entró dentro de su casa. Sin embargo en cuanto se fueron, no pudo evitar que las lágrimas le llenaran los ojos. Confiaba en Yuc, pero no quería perder el riesgo de perder también a su hijo. Era lo único que le quedaba.


Mientras, Yuc, Marta y Clara habían llegado a la casa de ésta última. Sin necesidad de llamar, la madre de Clara apareció en la puerta.
-Yuc, ¿qué ocurre?
-Marina, Raf nos ha encontrado.
A Clara le sorprendió que Yuc conociera a su madre, pero a Marta no.
-¿Han cogido a Carlos? -preguntó Marina-
-Sí, y los poderes de Clara han salido a la luz.
La madre de Clara miró a su hija y entendió su mirada: quería saber la relación entre su padre y ella.
-Hija, luego te lo cuento todo.
Clara asintió, Yuc le dio un abrazo a Marina y se fueron a acompañar a Marta a su casa.


-Bueno, Carlos -dijo Raf-, ya has oído a ese mago de Yuc, por lo que no te tengo que decir nada más sobre lo que eres. Te voy a enseñar a usar la magia oscura. Seré tu maestro. Cuando estés listo, te enviaré a por las dos chicas, las quiero aquí. Mañana por la mañana tendrás tu primera clase de magia.
Carlos asintió y esbozó una sonrisa maligna. Después se retiró a la habitación que le habían asignado, que era completamente negra. Los muebles, las paredes, la lámpara, el suelo... todo. Sin embargo, algo en el interior de Carlos se revolvía intentando salir. Algo que era lo contrario a lo malvado y a lo oscuro.


Cuando Clara entró de nuevo en su casa, meditó lo que le había vivido en un solo día: lo normal que había sido la mañana, cuando los capturaron a mediodía, la transformación de Carlos y la suya por la tarde, cuando Yuc los rescató casi por la noche... en fin, que ése veinte de enero había sido memorable. También que no había comido más en todo el día que el desayuno y dos bocados del bocata que se había comprado en el instituto, por lo que bajó a cenar. Cuando entró en la cocina... se encontró con lo que más le gustaba: pollo asado y arroz blanco. Su madre lo había preparado como disculpa. Sólo faltaba que hubiera una tarjeta con una disculpa. Clara ya se imaginaba cómo sería:


Clara, siento mucho haberte dicho que tu padre estaba muerto cuando en realidad está vivo y tiene poderes, también siento no haberte contado lo de tus poderes y no hablarte de Yuc, que era quien te estaba observando todo el tiempo, y que te ponía de los nervios porque pensabas que era malo, cuando en realidad te estaba protegiendo. Para compensarte por todo, te he hecho pollo con arroz.
 
Entonces su madre interrumpió sus pensamientos:
-Clara, de verdad que lo siento. Sólo quería protegerte e intentar que llevaras una vida normal. No te dije lo de tu padre porque al momento lo habrías odiado y te responderé a la pregunta que me has hecho un millón de veces: por qué estamos en Granada. Pues bien, te la responderé. Nos mudamos porque Yuc está aquí. De todas formas tus poderes iban a salir tarde o temprano de ti, por lo que pensé que Yuc te iba a ayudar cuando llegara el momento. Y, de hecho, lo ha conseguido. Estás aquí, y eso es lo único que importa. -la abrazó y dijo-:
-No te preocupes, a Carlos al cabo de poco tiempo volverá a ser el de antes. Debes confiar en Yuc.
Clara por fin habló:
-Pero mamá, yo tengo otra pregunta: ¿por qué él es mi padre?
Su madre se lo pensó unos momentos, pero después le respondió:
-Tu padre no siempre ha sido así. Antes su magia no era oscura. Él era maravilloso, pero ocurrió algo. Cuando estaba embarazada de ti a punto de dar a luz pasó lo inimaginable: en uno de sus hechizos, algo salió mal, y tu padre se volvió malvado y cruel. Yo en cuanto lo vi así me obligué a esperar a que tú nacieras. Cuando habían pasado varias semanas y tu padre estaba ocupado buscando un ayudante o algo parecido me escapé contigo. Y Yuc me salvó la vida sacándome de allí, y por supuesto a ti también. Por lo que puedes observar, es imposible que lleves una vida completamente normal.
Clara no dijo nada más, y su madre puso en la mesa los cubiertos y la comida. Ninguna de las dos habló durante la cena. Clara se terminó su plato de pollo y arroz, le dio las gracias a su madre y dejó el plato y los cubiertos en el fregadero. A continuación subió a su cuarto, se tiró a su cama sin siquiera ponerse el pijama y empezó a llorar por todo. Por Carlos, por su padre, los poderes, Marta, Yuc... éste último había dicho que ella salvaría a Carlos, pero ni siquiera sabía utilizar sus poderes. Era cierto que Yuc la iba a entrenar, pero aún así se preguntaba si sería capaz de romper el hechizo. Cuando ya no le quedaban lágrimas meditó otra cosa. Era viernes, sí, pero el lunes tendrían que ir Marta y ella al instituto, estaba claro que Carlos no iría el lunes. De repente le vino a la cabeza la frase de Yuc:
En realidad toda persona tiene un don o una habilidad especial, y se dio cuenta de que era verdad. Pensó en algunas personas cercanas (después de Marta y Carlos) como Elena, Ana, Elsa y María. Elena era una persona muy sociable y divertida, Ana era muy trabajadora, Elsa era muy buena en matemáticas y María dibujaba genial.
Se preguntó cuál era su habilidad, y si tendría alguna. Pero lo encontró enseguida: era una comelibros como la llamaba su madre, y era cierto. En Oslo (Noruega) había una biblioteca pública. Bueno, pues ella se leyó todos los libros de la categoría juvenil. Adoraba leer, y en el instituto casi siempre la veías con un libro bajo el brazo.
Miró el reloj, eran las diez y media. Como decía Carlos: si mi padre me pilla con la luz encendida, me mata.
No -se dijo-, no debo volver a llorar, debo entrenarme con la magia y derrotar a mi padre.
Con estos pensamientos, se durmió. Aunque la atormentó una pesadilla terrible sobre un chico con ojos y pelo negros...

miércoles, 10 de julio de 2013

Cap.7


                                 CAPÍTULO 7:
                              Capturados
 
   Clara se despertó con un grito, había vuelto a soñar con el hombre de ojos raros, solo que ésta vez ella no se acercaba a él, si no que él era el que se acercaba más y más a ella... y a Carlos y Marta. Ésta última se había convertido en su mejor amiga, y Carlos, en su mejor amigo. En los dos confiaba plenamente. Subió la persiana de la única ventana de su cuarto y
vio que estaba nevando. Para ella era algo muy normal en Noruega, pero en Granada, según había oído, hacía varios años que no nevaba. Clara miró el calendario que había colgado en la pared de su cuarto. Once de enero, llevaba en Granada casi seis meses. También miró el despertador, eran las siete menos cuarto, debía levantarse y prepararse para el instituto.
Se vistió. Eligió un jersey verde y unos pantalones vaqueros. También se puso unas botas de goma, para no resbalar en la nieve.
Después bajó a desayunar, donde se encontró a su madre preparándole el desayuno. Cuando se lo puso sobre la mesa, Clara no se lo podía creer, su madre le había preparado lo que más le gustaba a ella: tostadas de mantequilla y mermelada de fresa y una taza de leche caliente. Cuando terminó, le dijo adiós a su madre y salió por la puerta principal. Al final de la calle, vio que Carlos y Marta ya la estaban esperando.
Aunque Marta viviera bastante lejos de la calle de Carlos y Clara, se negaba a ir en el coche de sus padres aguantando sus sermones sobre las notas que no consideran buenas (una nota menor de nueve y medio), e ir con Clara y Carlos al instituto hacía que los perdiera de vista.
Los tres empezaron su camino al instituto combinado con las risas de Marta y Clara cuando veían a Carlos resbalándose con la nieve. Cuando cruzaron la puerta principal, el timbre estaba sonando, por lo que se apresuraron a subir a su clase.


-¿Hoy es el día señor? -preguntó Rich a su amo-.
-Así es -respondió el hombre-, y todo gracias a ése collar.
-¿De verdad?
-Sí, no te miento, el colgante me ha ayudado a localizarlos a los tres, y ése Yuc no podrá hacer nada al respecto-Había un toque de maldad en ésas últimas palabras-. Pero paciencia,
debemos esperar hasta esta tarde.


Las clases a Clara no le parecían tan aburridas puesto que estaba sentada con sus dos mejores amigos (al final el plan de ser alérgico al polen a Carlos le sirvió para que lo cambiaran de sitio), y se le pasaron muy rápido. Como la madre de Clara no volvía a casa hasta tarde, le pidió a Marta y a Carlos que la acompañaran a la cafetería para que se comprara un bocata.
Cuando ya salían por la puerta rumbo a casa, el cielo se llenó de unas nubes negras, que anunciaban una gran tormenta. Marta soltó un grito, había tenido hacía poco otra visión en la que pasaba exactamente lo mismo, y no le gustaba lo que venía después.
-¡Corred! -chilló Marta-.
Clara y Carlos confiaban en ella, y, después de que Clara tirara el bocata al suelo, echaron los tres a correr. Cuando no llevaban ni cinco minutos corriendo, ante ellos apareció el hombre de sus pesadillas, el hombre de ojos azules-verdosos. Lo esquivaron y empezaron a correr en otra dirección, sin saber a dónde ir, sólo para alejarse de aquel hombre. Entonces giraron en una calle y se encontraron en un callejón sin salida. Estaban perdidos. El hombre los alcanzó enseguida, pero no apareció sólo: a su lado estaba otro hombre: el de ojos violetas, el que casi se llevó a Carlos aquel día en el parque. Marta, que sabía lo que pasaría a continuación, intentó cambiarlo y con un grito se lanzó contra los hombres. Antes siquiera de que los tocara, el hombre de ojos violetas, Rich, levantó la mano murmurando unas palabras y Marta cayó al suelo.
Clara sólo habló entonces con voz en grito.
-¡Qué le habéis hecho!
El hombre de ojos violetas respondió con dureza:
-No hemos acabado con ella, sólo está inconsciente, pero no la toquéis o...
Clara no añadió nada más, y Carlos menos. Sabían que la vida de Marta estaba en juego.
Clara no aguantó más, se tiró al suelo y empezó a llorar. Carlos no sabía qué hacer, y se quedó donde estaba, sólo se quitó la mochila, la dejó en el suelo y a continuación hizo lo mismo con la de Clara. Ambos se desmayaron, pero no fue por los poderes de la pareja de hombres, se desmayaron por puro agotamiento.


Mientras, Yuc corría desesperado por Granada buscando a los chicos. Cuando encontró el callejón no había ni un alma, pero notó la presencia de magia, y supo que habían estado allí.
-No puede ser, los he perdido -murmuró-, y no tengo nada con lo de empezar a buscar.


Marta se despertó. Se encontraba en una habitación oscura, iluminada por una única vela. No pudo ver nada, y pensó que estaba sola. Sin embargo, oyó la inconfundible voz de su mejor amiga Clara. Se acercó a ella con cuidado de no tropezar con algo y al fin se encontró al lado suya.
-¿Clara? -preguntó en susurro-.
-Marta, ¿eres tú?
-Sí. -Y se fundieron en un abrazo-.
-¿Sabes dónde estamos?
-No, pero al menos aquí no me regañan mis padres por las notas que saque.
-Espera un momento, ¿y Carlos?.
-No..., no lo sé Clara.
-Pues yo sí lo sé -dijo alguien ajeno a la conversación que habían tenido-.
A continuación, una luz que iluminó la sala las obligó a taparse la cara con las manos. También vieron que quien había hablado era el hombre de ojos azules-verdosos. Pero no estaba solo. Detrás de él entraron el hombre de ojos violetas seguido de dos guardias que sujetaban a Carlos.
-¡Soltadlo! -gritó Clara-.

El hombre de ojos violetas dijo:
-¿Soltadlo?, no, ni hablar. Además, no sabes ni quién es tu amigo en realidad, ¿a que no? Pero no te preocupes, dentro de unos minutos lo descubrirás.
Tras una señal que el hombre de ojos azules-verdosos hizo a los guardias, llevaron a Carlos hasta el centro de un círculo con un cuadrado y un triángulo cruzados en su interior, a pesar de que el chico intentó liberarse.
-¡Dejadme!
Pero los guardias no le hicieron caso, se alejaron unos metros mientras los dos hombres magos se colocaban alrededor del círculo. El de ojos azules-verdosos dijo:
-Sujetadlas, pero que no estén las dos juntas, ¿entendido?
Momentos después, los guardias sujetaban a Clara y a Marta. Pero al de ojos violetas no le pareció suficiente y, tras murmurar algo, Marta y Clara se encontraron encerradas dentro de dos jaulas, una para cada una.
Entonces, sí que sí, los hombres empezaron a decir palabras en un idioma que ni Clara ni Marta conocían. Carlos empezó a chillar de dolor, y Clara también chilló con lágrimas en los ojos. Marta, por su parte, intentaba escapar de la jaula para ayudar a sus amigos, aunque muy pronto descubrió que era imposible. Una especie de aura violeta rodeaba las dos jaulas, y, si la tocabas, te daba una pequeña descarga eléctrica. Al final se rindió y puso la barbilla encima de sus rodillas.
Mientras, Clara seguía gritando el nombre de Carlos, y éste no paraba de retorcerse en el suelo. Entonces, sin previo aviso, dejó de moverse. Clara lo tomó por muerto, e intentó salir de aquella maldita jaula. Cuando chocó su cuerpo contra el aura, recibió una descarga que la echó hacia atrás, pero no se desmayó. Cuando se levantó se fijó en que Carlos se había levantado del suelo, pero se dio cuenta de que ahora no era él: su pelo se había vuelto negro, y sus ojos se habían vuelto muy oscuros, parecía que una tormenta se desataba en ellos. Por no hablar del aura oscura como la noche que lo rodeaba y la sonrisa maligna que esbozaba.
-¡QUÉ LE HABÉIS HECHO! -gritó Clara a pleno pulmón-, MONSTRUOS.
De repente, Clara sentía que algo había despertado en su interior, y se sentía el triple de fuerte de hace unos segundos. Se lanzó contra el aura de la jaula y, para su sorpresa, la atravesó fácilmente. Deseó que la barrera de la jaula donde estaba Marta también desapareciera y de su mano brotó un haz de luz roja que destruyó el aura, por lo que Marta podría salir de ella, sin embargo, ésta no se movió.


Marta estaba asustada. había visto la transformación de sus dos mejores amigos, pero le sorprendió más la de Clara. Cuando se había enfurecido tanto, había cambiado casi por completo: un aura blanca rodeaba a Clara, sus ojos se habían vuelto casi negros y su pelo ahora era completamente rojo, y parecía fuego. No nos olvidemos de que había pasado la especie de barrera y destrozado la de su jaula. Volvió a la realidad. Clara la había liberado, podía salir de allí. Sin embargo, lo que hizo fue ponerse al lado de Clara, aunque manteniendo una distancia prudente de ella.
-Vaya, vaya, vaya -dijo el hombre de ojos azulea-verdosos-, ya has visto Clara lo que se ocultaba tu interior, por no hablar de tu amiguito Carlos. ¿Sabes lo que le he hecho?, he sacado su lado oscuro fuera de él. Y era mucho, por cierto, gracias a eso he sacado todo el potencial de ti, hija.
-Eres un idiota, ¿te crees que me voy a tragar eso?, estás mintiendo, lo has hechizado o algo, no lo sé, pero que te quede claro que ¡no soy tu hija!, no me parezco en nada a ti. -dijo Clara-.
-¿De verdad?, entonces, ¿cómo explicas esto? -acto seguido chasqueó los dedos y el pelo de Clara se echó a un lado del cuello, dejando al descubierto una marca de nacimiento en forma de triángulo, y a continuación, él dejó que viera que tenía exactamente la misma marca en el mismo sitio que la de ella-.
No, no puede ser... -dijo Clara para sí cada vez más confusa-, ¿cómo es posible?
-No estoy mintiéndote, Clara. De hecho, aunque no me creas, dentro de poco alguien te lo dirá.
Clara empezó a hundirse, estaba cada vez mucho más angustiada y triste. Primero dejó de flotar y sus pies tocaron el suelo, después sus ojos se volvieron de ese extraño tono suyo y su pelo se volvió castaño. Sólo quedaba esa aura rojiza a su alrededor, pero ahora era menos espesa. A continuación, tiró el colgante de la caracola al suelo y se desmayó por segunda vez en un día.
Marta se había quedado atónita. Su mejor amiga que había conocido recientemente, resultaba ser una especie de maga, y Carlos..., bueno, en realidad no sabía qué era, pero se dio cuenta de que no miraba a Clara ni a nadie, tenía la vista fija hacia el frente, y no parecía que se enterara de lo que pasaba a su alrededor. Pero cuando se dio cuenta de que Marta lo estaba observando, clavó la mirada en ésta, lo que hizo que a la chica le diera un escalofrío: sus ojos no parecían humanos. Al no poder soportar la mirada de el nuevo Carlos, bajó la vista hacia el suelo, y Carlos volvió a clavar la vista hacia el frente.
-Bueno, bueno -dijo el hombre de ojos azules-verdosos, como puedes observar, querida Marta, no conocías a tus amigos tan bien como tú creías, ¿verdad que no? -al no obtener una respuesta, siguió hablando-, pero tampoco te conoces a ti misma..
No pudo continuar, porque en ése momento apareció Yuc de la nada.
-Anda, también se une a la fiesta el mago que abandonó a los niños cuando más lo necesitaban.
-Cierra el pico, Raf, tú no sabes nada -dijo Yuc-.
Mientras discutían, Marta sacudía a Clara para despertarla. Al cabo de poco, lo consiguió.
-Do..¿dónde estoy?
-¡Al fin! -exclamó Marta-, pues, verás, te lo resumo todo: te has transformado en una especie de maga, el hombre de ojos raros que se llama Raf ha dicho que es tu padre, has tirado tu colgante al suelo y mientras te echabas una cabezadita, ha aparecido Yuc. Nada impactante, en verdad -dijo con ironía-.
Entonces presenciaron una pelea de magos, (evidentemente entre Raf y Yuc).
Marta, Clara e incluso Carlos observaban a las dos magos lanzándose entre sí rayos y derivados. Entonces, Raf cayó al suelo y Yuc se acercó a las chicas.
-¡Tenemos que irnos!





-¡No fastidies! -dijo Marta-, no lo había notado.
Yuc no le hizo caso, y le dijo a Clara:
-Sólo tú puedes sacarnos de aquí, escúchame y repite conmigo:
Aquí estamos atrapados, y queremos ser liberados.
Clara lo repitió, y Yuc siguió hablando.
Debemos volver al lugar anterior con la magia similar a mi perseguidor, tres personas deben regresar, un mago y una joven que a mi lado se encuentran. Con estas palabras mi libertad es liberada.
Clara repitió las palabras del mago con lágrimas en los ojos, porque era consciente de que dejaban a Carlos atrás, y empezaron a dar vueltas...
Cuando abrieron los ojos, no se encontraban en la sala de la transformación de Carlos, si no en el callejón donde habían estado esa mediodía y donde, sorprendentemente, también estaban sus mochilas.
Marta estaba atónita, Yuc estaba meditando algo y Clara se encontraba en medio de una depresión. Era consciente de que había perdido a su mejor amigo.
Yuc empezó a hablar al cabo de unos segundos que a Marta le parecieron eternos:
-Chicas, os prometo que os lo explicaré todo, pero no ahora, aquí corremos peligro, seguidme. Debéis confiar en mí. Al principio Marta y Clara no se movieron, pero recordaron que, seguramente, Yuc les había salvado la vida. Cuando Clara vio que Marta empezaba a andar detrás de Yuc, los siguió, porque no quería quedarse sola.
Al cabo de un rato andando, llegaron enfrente de un descampado.
-Ya hemos llegado -dijo Yuc-, éste es mi escondite.
-¿Esto? -preguntó Marta-, pues no te van a encontrar pronto ni nada...
Yuc volvió a ignorarla, y les dijo que entraran al descampado.
Clara y Marta obedecieron, y cuando cruzaron la línea que separaba la acera con el descampado..., lo que se encontraron fue una casa enorme.
Yuc les dijo con un gesto que entraran, y segundos después cruzaban lo que parecía ser la entrada. Lo que había dentro era todavía mas sorprendente: no había ningún tipo de lámpara, puesto que la iluminaba diminutos cristales azules que había en la pared de piedra.
Había diversos cachivaches en todas las habitaciones, y dedujeron que eran mágicos sólo con mirarlos. También había muebles normales y corrientes, pero había otros que eran todo lo contrario: sillas que se movían solas, mesas que flotaban y demás.
Yuc se paró en una sala y les dijo que pasaran, y las dos lo siguieron. A continuación les pidió que se pusieran cómodas, y los tres se sentaron en unas butacas alrededor de una mesa redonda de madera.
-Bueno, os voy a explicar lo que os pasa a los tres, ¿de acuerdo?
Las chicas asintieron con un movimiento de cabeza, y Yuc empezó a hablar.

Cap.6



                            CAPÍTULO 6:
                              Pesadillas
Marta se despertó. Ya no estaba en un lugar muy oscuro con un hombre de ojos extraños, se encontraba en su cuarto.
Desde que empezó el instituto hace una semana, había tenido todo tipo de pesadillas y sueños raros. De hecho, parecían incluso visiones o algo parecido. Uno de esos sueños parecía relatado en el pasado...
Había un especie de templo. Una mujer de cabellos rubios recorría un pasillo corriendo llevando en sus manos un bebé que no alcanzaba los dos meses, y era una niña. La mujer estaba aterrada, pero la niña dormía tranquilamente en brazos de su madre. Al fondo del pasillo se encontraba una puerta, y la abrió. Salió al exterior del templo, y corrió hasta que llegó a un cruce donde le esperaba un coche. Se subió a él. El conductor tenía unos ojos azules de un tono muy peculiar. El coche arrancó, yéndose muy lejos de allí, sin mirar atrás.
Mientras, un hombre en el templo se reía de una forma horripilante.

Marta cada vez estaba más asustada, pero no sabía a quién decirle lo de sus visiones, sueños o lo que fueran, y decidió intentar relajarse un poco. Para ello salió al patio de su casa para tomar el aire.
Ya en el jardín se sintió mejor, y pudo observar que había luna llena, tapada por las nubes.
De repente sintió la presencia de alguien que la observaba desde la oscuridad. Con voz débil dijo:
-¿Quién anda ahí?
Al no obtener respuesta, se acercó un poco hacia donde creía que había alguien. En ése mismo instante, la luna iluminó la escena. Se quedó sin habla. Era un hombre, el mismo que conducía el coche en su visión. Ahogó un grito y corrió hasta que se encontró en su cuarto, donde empezó a sollozar suavemente, para que sus padres no la oyeran. Se sentía cada vez más y más confusa, y lo único que quería era saber lo que estaba sucediendo. Al cabo de unos minutos, se durmió.

A Carlos tampoco le iba muy bien. Había tenido una pesadilla detrás de otra sobre el chico que tanto se parecía a él y también a veces sobre el hombre de ojos violetas. De hecho, desde que empezó el instituto no había sido capaz de dormir una noche entera sin despertarse sobresaltado y lleno de sudor a causa de las pesadilla.


En cambio, a Clara esa noche le fue muy bien. No tuvo pesadillas sobre niños y o hombres de ojos raros.
Se despertó a las nueve de la mañana, y, como era sábado siguió durmiendo hasta las once. Entonces se despertó por el hambre que tenía, y bajó a desayunar.
En la cocina no había nadie, y Clara se fijó en que había una nota en la mesa que decía:
Clara, he ido a la universidad por unos asuntos de trabajo. Estaré de vuelta a mediodía. Si te entra hambre antes de que vuelva, hay ensalada en la nevera.


   Clara meditó unos momentos qué hacer. Al final decidió quedarse en casa, sobre todo porque quería que ese día fuera normal, como el anterior. Sin hombres de ojos raros, sin
pesadillas y sin preocupaciones (aunque, la verdad, es que no le apetecía mucho dejar la casa sola). Desayunó rápido, y después fue al salón y se tumbó en el sofá, encendiendo el televisor con el mando a distancia. Al cabo de quince minutos ya estaba aburrida como una ostra. Estaba inquieta, debía hacer algo o se moriría de aburrimiento. Se fue a su cuarto, cogió uno de los pocos libros que estaban en su estantería y se tumbó en la cama. Enseguida se cansó, porque ese libro lo había leído ya tres veces.
Sin saber qué hacer, se fue al dormitorio de su madre, y empezó a rebuscar con la esperanza de encontrar algo de su padre. Por más que buscaba, no encontraba nada, y, cuando pensaba ya en volver a la cama, algo le llamó la atención. Había un cajón en el ropero de su madre que no había llegado a ver. Lo abrió y encontró varias cosas sin mucha importancia: un cinturón viejo y de más. De pronto se encontró un ovillo de lana azul. Cuando estaba a punto de devolverlo a su sitio, no lo notó blando. Algo duro estaba dentro de él. Empezó a desenrollar la lana, y lo que pasó a continuación fue de lo más inesperado: había un colgante en forma de caracola de un color inusual, que estaba sujeto con una cuerda de plata.
Se fijó en el color del colgante. No habían sido imaginaciones suyas, era del mismo color que sus ojos, solo que más brillante, que le daba un aspecto misterioso, casi mágico, aunque quizá lo fuera.
Estoy segura de que esto era de mi padre -dijo para sí-.
Después se lo colgó al cuello, y, como pensó en que a su madre no le haría mucha gracia descubrir que se había metido en su cuarto sin permiso, y que encima se había llevado un colgante que seguramente fuera de su padre, se metió el colgante debajo de su camiseta verde.
Cada vez siento que estoy más cerca de él -pensó-, aunque sea a través de un colgante.
La verdad, no se equivocaba. De hecho, no sabe que no sólo siente que está más cerca de él, si no que él está físicamente más y más cerca.


Yuc meditó unos minutos sobre lo que había visto en los ojos de esa chica anoche. Estaba seguro de que no sólo Clara y Carlos corrían peligro, si no que también era peligroso para la nueva amiga de Clara.
Debo ayudarlos, pero no sé cómo. En cuanto me acerque más a los chicos, ellos notarán que estoy aquí y estarán aquí pronto para matarme -pensó para sí-.
Entonces, sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo de la cabeza a los pies.
Cada vez están más cerca de los chicos.
Eso le hizo ponerse más nervioso aún que antes y sólo le quedaba una opción: debía buscar refuerzos. Este nuevo plan le dio algo de esperanza, y, después de coger algunas cosas de su escondite, murmuró algo y desapareció después de dar mil vueltas sobre sí mismo. No estaba dispuesto a que aquel monstruo utilice a niños que no saben ni lo que poseen en su interior.

Marta se despertó a las doce y media. No sabía si lo que había pasado la noche interior
era real o si solo había sido un sueño. De todos modos, la mirada de aquel hombre la inquietaba. También recordó la especie de visiones y si eran de verdad. Una cosa sí estaba clara, no debía contárselo a sus padres, sobre todo porque los preocuparía, la llevarían a un psicólogo o algo por el estilo. Además querían que su hija fuera perfecta, como su hermano mayor. Eso la ponía histérica, porque ella sacaba buenas notas, pero sus padres la regañaban
diciendo que debía de sacar todo diez, como su “querido hermanito”, que estaba estudiando medicina con matrícula en la universidad. Pero Marta no era como él. A diferencia de su hermano, ella no se pasa estudiando todos los días de su vida. No, ella estudia lo necesario
para aprobar y sacar una buena nota, y pasa tiempo con amigos de verdad, en vez de ser un empollón que no ha tenido amigos en toda su vida.
La verdad, Marta no entendía por qué querían que fuera como su hermano Luis, ni por qué su hermano era un polo opuesto a ella: él era timidísimo, Marta era muy amigable y nunca sentía vergüenza con nada, Luis adoraba el instituto, ella lo odia... de hecho, en lo único que se parecen es en los ojos, azules claro, puesto que el pelo de su hermano universitario era pelirrojo, y el suyo, castaño. Esto hacía que no se llevaran muy bien. Nunca entendería a su familia, pero no podía dejar de quererlos. No podía culparlos, sólo querían tener dos médicos en casa.

Cap.5


                                             CAPÍTULO 5:
    Un día normal en el instituto... para variar

  Clara aún seguía pensando en lo que había soñado la noche anterior. Habitualmente
soñaba con el hombre de ojos extraños. Sin embargo había soñado con un chico igual que Carlos solo que con el pelo castaño oscuro y unos ojos muy oscuros.
Prefiero al hombre -pensó mientras aceleraba el paso para llegar al instituto a tiempo-.


Cuando cruzó la entrada a su nuevo instituto eran las ocho y diez.
Por los pelos -pensó-, las clases empiezan a las ocho y cuarto.
Estaba buscando su nueva clase, 1ºB, cuando alguien le tocó el hombro. Se giró y se encontró con Carlos, al que no quería dirigirle la palabra. Estaba a punto de salir corriendo cuando recordó las palabras de Yuc:
No te tengo que recordar lo que casi le pasa a Carlos, ¿verdad?, si no llegas a estar tú, ¿qué crees que le habría pasado?
Y se dio cuenta de que la culpa no era de Carlos, e intentó disculparse:
-Lo... lo siento,
pero no pudo continuar, porque Carlos intervino:
-La culpa no fue tuya, fue mía, no debí de comportarme así, pero me habías salvado la vida y...
-¿Amigos? -preguntó Clara-
-Amigos -fue la respuesta de Carlos-, y, por cierto, ¿sabes dónde está 1ºB?
-¿Por qué? -preguntó Clara-, ¿es tu clase?
-Sí, ¿por?
-¡También es mi clase!
-Pues entremos, la acabo de encontrar.

Clara se fijó bien. Se giró y vio una clase con una placa grabada en el marco de la puerta:
ponía 1ºB. Acto seguido, entraron los dos dentro.

La clase no era muy grande, pero se aprovechaba bien el espacio, y parecía más espaciosa
de lo que era en realidad. Sin embargo no se podía decir que los alumnos eran silenciosos y
buenecitos”. El profesor aún no había llegado, y la gente parecía disfrutar sin éste.
Aviones de papel que volaban por los aires, gente gritando y varios chicos y chicas persiguiéndose unos a otros. Por no hablar que había bastantes chicas en un rincón aplicándose una cantidad impresionante de rímel. Clara en su vida había usado tal cosa, y le
parecía inadecuado que tantas niñas lo usaran a la edad de doce años, y estaba segura de que
a muchos padres también. Cuando las chicas del rincón vieron a Clara observándolas, se acercaron a ella.
-Anda, mirad, es la nueva -dijo una chica rubia-, la inadaptada.
Clara se quedó sorprendida: ¿inadaptada?, ¿y no serían ellas las que eran las inadaptadas, echándose a su temprana edad un kilo de maquillaje?
Estaba a punto de replicar cuando otra de las chicas, la más alta, dijo:
-Seguro que no sabe ni lo que es un pintalabios.

  Ante este comentario empezaron a reírse, y Clara, roja de ira, estaba a punto de soltar unas “palabrillas inadecuadas” cuando una chica ajena a las del maquillaje se acercó y se colocó delante de Clara.
-¿De qué vais?, es nueva aquí, y no os ha hecho nada malo. Además, ¿qué le importará a ella ahora saber echarse maquillaje?, ¡¿es que acaso vamos a hacer un exámen o algo así?!
Las chicas se quedaron mudas, y, acto seguido, se fueron por donde habían venido, y terminaron en el mismo rincón de antes, esta vez echándose pintalabios.
-Muchas gracias em,...esto...
-Marta, y ha sido un placer, esas pijitas me tienen harta.
Clara se fijó en Marta. Era morena, de piel clara y tenía unos grandes ojos azules claro, y era de estatura normal. Le pareció muy guapa.
-Yo soy Clara, ¿nos sentamos juntas?
-De acuerdo, pero no nos ponemos en primera fila, ¿ok?
-No te preocupes, a mí tampoco me gusta estar cerca del profesor.
-Entonces ¡a la última fila!

   Clara miró su reloj de pulsera: ¡eran las ocho y media!, y el profesor aún no había llegado, pero cuando se lo iba a contar a Marta entró una figura por la puerta.
-Hola, soy vuestro nuevo director, y al parecer vuestro tutor no ha podido venir, pero no os preocupéis, hoy sólo os enseñaremos el instituto y conoceréis a vuestros nuevos profesores. Pero de momento buscad un sitio en el que sentaros.
Clara y Marta compartieron una mirada cómplice y en un abrir y cerrar de ojos se habían
sentado al fondo de una fila. En cambio Carlos se sentó donde pudo, es decir, en el sitio frente a la mesa del profesor.
Genial -pensó-, qué será lo próximo, ¿que se siente a mi lado una de las del maquillaje?
Pero por suerte para Carlos, eso no ocurrió, pero tampoco le gustó mucho lo que pasó a continuación: a su lado se había sentado un chico sudoroso con unos ojos marrones y el pelo rubio con pinta de ser muy deportista, pero a la vez el típico chico que se creía demasiado importante como para sentarse con los “populares”, y que se sentaba con los nuevos para darles envidia. Pues bien, Carlos no le iba a dar esa satisfacción.

El chico se sentó a su lado sin ni siquiera saludar, pero a Carlos no le importó, estaba dispuesto a no dirigirle la palabra a aquel chico hasta final de curso o hasta que lo cambiaran de sitio, y claramente prefería la segunda opción. Cuando Carlos giró la cabeza hacia atrás se encontró con que Clara estaba sentada al lado de una chica morena con ojos azules, al fondo de la fila y compartiendo risas las dos.
Qué afortunada -pensó-.
Y tenía razón, Clara se lo estaba pasando muy bien con su nueva amiga.
-¿Quedamos algún día? - Le dijo Marta a Clara-
-¡Sí, me gustaría mucho! -fue la respuesta de Clara-.
   Entonces el director empezó a hablar.
-Vale, ahora haced una fila en la puerta de la clase ordenadamente, que vais a conocer
vuestro nuevo instituto.
Los chicos asintieron, y fueron a colocarse en fila, entre cotilleos, en la puerta de la clase.
Clara iba con Marta, y ésta trajo a unas amigas suyas.
-Clara, te presento de izquierda a derecha respectivamente a: Ana, Elena, María y Elsa.
Clara las observó detenidamente. Ana era de estatura media, con la piel muy pálida, el pelo
negro y unos ojos color miel. Elena también tenía la piel blanca, pero tenía el pelo rubio oscuro y unos ojos marrones, y era un poco más alta que Ana. María era poco más baja que Elena, tenía el pelo rizado de color negro, unos ojos marrones y era de tez clara.
Elsa era la más alta de todas. Tenía una melena lisa y de color negro, una piel clara y unos ojos marrón muy oscuro. A Clara le parecieron muy simpáticas en cuanto empezó a hablar un poco con ellas, y a ellas les cayó bien Clara.

A Carlos no le fue tan mal como él esperaba, puesto que conoció a varios chicos bastante
simpáticos que no se parecían en nada al creído de su compañero de pupitre. Eran amigables, y no tardó en darse cuenta de que se había imaginado el instituto mucho peor de
lo que era, pero estaba seguro de algo, su madre nunca le vería en ése nuevo lugar al que acababa de llegar, ni a ningún otro a partir de entonces: la universidad y muchos otras cosas
que le gustaría que su madre pudiera ver.
El director entonces dijo:
-Vamos niños, os lo enseñaré todo, -y acto seguido ordenó a los chicos que lo siguiera.
Cuando ya Clara salía por la puerta principal, una voz familiar la llamó:
-Hola, te acompaño a casa, ¿vale?
Clara suspiró, era Carlos. Se recordó a sí misma la advertencia del hombre de ojos azules y respondió:
-De acuerdo.
Y sonrió, porque había tenido por primera vez desde que llegó a Granada un día más o menos normal, sin hombres de ojos raros, lo único que la inquietaba era el sueño del chico
tan parecido a Carlos...