domingo, 18 de agosto de 2013

Cap.12


                                          CAPÍTULO 12:
                       La verdad de Marta
Marta se sentía mejor el lunes por la mañana. Tener a su mejor amiga de nuevo a su lado le había subido la moral. Sin embargo un buen día no tiene por qué acabar bien...

Marta se desperezó en su cama. Había dormido estupendamente y sin tener ninguna pesadilla. Sin embargo, era lunes y había colegio, por lo que tampoco tenía muy buen humor. Se vistió, desayunó rápido y salió corriendo por la puerta principal. Quería ver a sus padres lo menos posible. A continuación dio la vuelta a su calle para llegar a la de Marta y se paró en la esquina. Como sospechaba, Clara no había aparecido aún. No llevaba ni cinco minutos esperando cuando notó la presencia de alguien detrás suya. Se giró a toda velocidad y le vio: era un chico de unos diecisiete años con el pelo negro y ojos azules claros. Marta estaba a punto de preguntarle a aquel chico quién era cuando una voz familiar la detuvo.
-¡Hola Marta!
Era la inconfundible voz de su mejor amiga.
-Ho...hola Clara. -dijo Marta con voz nerviosa-.
-¿Te pasa algo?, pareces nerviosa.
Marta volvió a girarse y, tal y como pensaba, el chico ya no estaba, e intentó disimular con una sonrisa.
-No, tranquila, pero vámonos rápido que llegamos tarde.
Clara no parecía muy convencida, pero se resignó y siguió a Marta.

En el instituto todo fue bien... hasta que llegó la hora de matemáticas.
-Bueno, chicos -dijo la profesora-, hoy os entregaré los exámenes de la pasada semana.
-Jo, pues yo no creo que tenga muy buena nota -comentó Clara en voz baja-.
Sin embargo, cuando la profesora le entregó el examen a Clara, esta casi se cae de la silla.
-¿Qué pasa?, ¿has suspendido? -preguntó Marta-.
-No... ¡que he sacado un ocho!
-Enhorabuena.
-Gracias, ¿y tú qué has sacado?
-Un siete.
-Está bien, ¿pero por qué no estás contenta?
-Esto para mis padres es como un suspenso. Estoy muerta.
-Entonces... mucha suerte.
-Gracias, la voy a necesitar.
Cuando las clases terminaron, Marta y Clara atravesaron la puerta principal y empezaron a andar hacia la casa de Clara, que era la que estaba mas cerca del instituto.
Cuando llegaron, Marta se despidió de Clara y se fue a su casa. Cuando entró dentro, se encontró con que sus padres no estaban allí para pedirle la nota de mates.
Mejor para mí -pensó-.
A continuación, fue a la cocina y encima de la mesa se encontró una nota. Decía así: 

Marta, estamos en la universidad con Luis. Volveremos a las cinco. Hay ensalada en la nevera. En cuanto volvamos, veremos la nota de matemáticas, ¿entendido? Haz los deberes.

-Muy bien -dijo Marta-, de nuevo están con mi hermanito y ni siquiera en la nota me han puesto un “te quiero” ni nada parecido. Es como si no fueran mis verdaderos padres. Sin embargo, decidió pensar en ello más tarde, puesto que estaba hambrienta. Puso la mesa y empezó a comer.
Cerca de allí, unos ojos azules claro miraban a Marta fijamente...


-Muy bien, Carlos. Has invocado el demonio y has podido controlarlo a tu voluntad. Enhorabuena -dijo Raf-.
-Gracias maestro -dijo Carlos sin emoción alguna en la voz-.
-Pronto, Carlos, nada podrá pararnos. Capturarás a Clara y seremos invencibles. Y ese mago idiota no volverá a molestarnos.
A continuación, se rió de una forma horripilante y, lo más sorprendente, es que Carlos imitó a su maestro...


Cuando terminó de comer, Marta quitó la mesa y se fue a su cuarto a hacer los deberes, no quería ver a sus padres todavía más enfadados. Cuando llevaba bastante tiempo haciendo los aburridísimos deberes de mates, sus padres entraron en la casa.
-Marta, ven hija -dijo su padre-, esperemos que tu nota de matemáticas sea muy buena.
Marta suspiró y obedeció. Bajó las escaleras y se plantó enfrente de sus padres.
-Y bien, Marta, ¿qué nota has sacado?
-Un siete y medio -dijo Marta-.
Sus padres la miraron echando humo.
-¿Sólo un siete? -dijo su madre-, ¡pero tú quién te crees que eres para sacar tan mala nota!
Marta también estalló.
-¡Un siete y medio no es mala nota!, ¡y no entiendo cómo es que os importa siquiera! ¡Siempre estáis con Luis, que es un marginado que no tiene vida social, jamás seré como él!
Me niego.
Sus padres se quedaron boquiabiertos. ¿Cómo se atrevía a insultar al niño perfecto?
-¡Pues claro, porque tú nunca serás hija nuestra!
-¡Sé que estáis exagerando, sí soy hija vuestra!
-¡No!, ¡jamás lo fuiste!
Marta se calló de golpe. ¿Eso significaba que era adoptada?
-¡Ya decía yo que por qué tenía unos padres que no me querían!
Al ver que sus padres no hacían nada, Marta empezó a correr y salió de la casa. Corrió y corrió hasta que estuvo a punto de chocarse con una figura más o menos conocida: el chico de ojos azules y pelo oscuro que había visto esa misma mañana.
-¿Quién eres? -preguntó Marta aguantando las lágrimas-.
-Creo que lo mejor será que no lo sepas -dijo éste con tristeza-.
Cuando la chica estaba a punto de decir algo más, el misterioso chico desapareció. Algo que para Marta ya era muy frecuente, por lo que no le sorprendió que el chico fuera otro mago. De repente cayó en algo: ¿quién eran sus verdaderos padres?, ¿tendría hermanos?, pero, lo más importante de todo para ella: ¿por qué la abandonaron?

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