domingo, 13 de octubre de 2013

sábado, 5 de octubre de 2013

Cap 15

                 CAPÍTULO 15:
                      Frustración 
                      
      Marta seguía sacudiendo el cuerpo inerte de su hermano, aunque no sabía exactamente lo que le había sucedido. Deseaba tener un hermano que la quisiera de verdad. Y sin embargo, lo estaba perdiendo. Poco después, Clara la sacó de su trance:
      -Marta, Marta... Lo siento mucho, pero debes escucharme. Yuc te dirá lo que quieras saber.
     Marta obedeció y, muy despacio, se colocó al lado de Clara. Después, Yuc empezó a hablar:
      -Marta, podemos salvarlo, pero debes hacer lo que yo te diga.
    Ésta asintió, y Yuc continuó:
      -Sin embargo, ahora mismo desconozco lo que le pasa a tu hermano...
     No pudo continuar, porque otra persona entró en escena, le cortó la frase:
      -Yo sí que puedo salvarlo.
     Todos se giraron y se encontraron con un ensangrentado Rich. Con el momento trágico, no habían visto cómo se despertaba y se acercaba a ellos.
      -Puedo salvarlo -repitió Rich-, accede a venir con nosotros y curaré a tu auténtico hermano -dijo marcando la palabra-.
      Marta meditó qué hacer. Quería salvar a su hermano, pero eso significaría acabar en las garras de Raf. Pero si se iba con Yuc y Clara... no tenía dudas de que su hermano moriría.  Se giró hacia ellos, con la intención de conseguir la respuesta, pero ellos tenían el rostro frío  y serio. Estaba sola en esto; la decisión era sólo suya.
      -Un momento -dijo Marta-, ¿cómo sé qué puedo confiar en ti, Rich?
      -Un mago no puede echarse atrás cuando hace un trato. Si tú cumples tu parte, yo cumplo la mía.
      -De... de acuerdo. Em... ¿Yuc?, ¿Mi hermano y yo tenemos los mismos poderes?
      Yuc se mostró sorprendido por la pregunta, pero respondió tras unos segundos que a Marta se le hicieron eternos.
      -Bueno, eso creo... Nunca había conocido a alguien con ese tipo de poderes, y menos dos

personas.
      Marta asintió. Debía correr el riesgo.
      -Está bien Rich, tú ganas. Iré contigo.
      -Haces lo mejor por tu hermano, Marta. Él vivirá. Ahora ven conmigo.
       Marta asintió con el más mínimo asentimiento de cabeza. Rich se giró , y Marta lo imitó.Empezaron a andar unos pasos.
      Ahora verás -pensó Marta-

   Se giró de nuevo y, aunque ella no supo cómo lo hizo, se concentró y consiguió que un rayo cayera del cielo impactando en el cuerpo de su hermano. Rich, furioso, chilló:
      -¡No volveréis a ver la luz del Sol!, ¡teníamos un trato!
      -¡Sí!, ¡uno que no era justo!
    Rich soltó un haz de magia de color rojo y azul hacia ellos, y Marta, que lo vio venir, lanzó otro amarillo y dorado contra él. Clara estuvo a punto de unirse a ella, pero Yuc la detuvo.
      -¡No lo hagas, Clara!, podrías quedar

electrocutada, no conozco el alcance de los poderes de Marta.
     La chica pareció dudar, pero al final se dio por vencida y dejó caer los brazos.
De nuevo, Marta estaba sola.
      -¡Ríndete Marta! -chilló Rich-, ¡no conseguirás vencerme, estás demasiado débil!
      -¡Ni en sueños, Rich!
     Pero él tenía razón. Al utilizar tanto su poder, Marta estaba exhausta; no dudaría mucho más en pie. Y eso fue lo que sucedió. Marta calló al suelo inconsciente  y la magia de Rich los alcanzó a los cuatro, provocando una gran explosión. Este estaba ya acercándose a punto de coger a Marta e irse de allí, cuando el humo se disipó y sólo dejó una parte del campo de baloncesto chamuscado. Rich soltó un grito de frustación. Habían escapado.
     

      -Por qué poco -murmuró Clara-, Yuc, ¿cómo lo has hecho?
      -¿Qué cómo he hecho qué? -preguntó Yuc-.
      -El salvarnos la vida a todos en el último momento.
      -Clara, yo no he hecho nada.
      -¿Entonces quién...?
      -Pues, en verdad, yo soy vuestro salvador.
      Yuc y Clara se giraron para ver al hermano de Marta herido, pero con una sonrisa en la cara.
      -Hala, tampoco hay que ponerse así -dijo el hermano de Marta-, tan sólo me desperté en medio del caos e hice una transportación para cuatro personas. ¡Ah!, y me llamo Alejandro, Alex para los amigos.
      -¿Hiciste la transportación tú sólo? -preguntó Clara-.
      -Clara, ya hemos visto lo que es Marta capaz de hacer, que no te extrañe que él pueda hacer algo así. -Respondió Yuc-.
      -El mago tiene razón -dijo Alex-, apuesto a que mi hermana se va a llevar una sorpresa al descubrir que estamos los cuatro vivos.
      -Realmente eres clavadito a Marta -comentó Clara-.
      -Parad, por favor -exigió Yuc-, ahora mismo el mayor de nuestros problemas es que Rich y Raf no van a parar hasta capturaros a los tres. Debemos tener cuidado, y...
rescatar a Carlos.
    A Clara se le iluminó el rostro. Y Yuc prosiguió:
      -Clara, cuando hoy al haber conseguido hacer esa esfera con todos los elementos,    me has hecho darme cuenta de que estás preparada para ello. Estoy muy orgulloso de ti, Clara. Puede que mañana mismo Carlos esté de vuelta con nosotros. También quería darte las gracias, Alex, nos has salvado la vida.
      -De nada, mago. Por cierto, si necesitáis refuerzos en la misión, podéis contar conmigo.
      -Gracias de nuevo, Alex. Y sí, te necesitaremos.
      -¿Dónde estoy? -preguntó Marta-.
      -¡Marta! -chilló Clara-, ¡estás bien!
     Corrió hacia ella y la abrazó con fuerza, haciendo que casi perdiera el equilibrio. Cuando Clara se separó de ella, Marta miró alrededor y, al ver a su hermano de pie junto a Yuc, sano y salvo, no pudo evitar llorar y lanzarse a sus brazos.
      -Me has salvado la vida, hermanita -dijo Alex-. Te he echado de menos. Te quiero.
      -Yo también a ti -murmuró Marta-, yo también a ti.

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              Holaa. Aquí está el capi quince. Juro que el dieciséis vendrá pronto. No olvidéis comentar y participar en las dos encuestas !!!!!

domingo, 29 de septiembre de 2013

     6OO VISITAS!!!! MUCHAS GRACIAS!  
Prometo que la semana k viene subiré el 15, es k no he tenido tiempo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

500 Visitas

Y otra vez más... cien visitas más!!!! GRACIAS. :D
                    500 VISITAS!!!!

sábado, 14 de septiembre de 2013

Cap.14

                          CAPÍTULO 14:
                          Reencuentro     
                              
      -Falta poco para las vacaciones de primavera -dijo Marta-, ¿crees que harán algún simulacro?
      Clara salió de su fantasía en la que no existía el anti-Carlos.
       -Em... no creo, pero nunca se sabe.
      También soltó una risita, pero Marta advirtió enseguida que era falsa, y que aunque Clara intentaba engañarla haciéndola creer que estaba contenta, ella veía la verdad en sus extraños ojos: echaba mucho de menos a Carlos.
       -Jajaja, tienes razón. Venga, vamos a entrar que llegamos tarde.
      Clara asintió y se adentró en la clase junto a Marta.


      -¿Alguien sabe la respuesta a este problema? -preguntó la maestra de matemáticas a sus
alumnos-.
       -Sí, que te mudes a otro planeta -murmuró Marta-.
       Clara le dio un codazo suave.
       -Eso pensamos todos, pero cállate que te va a oír.
       -¿Pasa algo Clara? -dijo la maestra-.
       -Em... no, profesora.
       -En ese caso, sal a la pizarra, Clara, y escribe la respuesta del problema.
      Clara asintió y se levantó de su silla. Mientras iba hacia la pizarra, Yolanda, una chica a la que Clara odiaba, se rió de ella. Clara la fulminó con la mirada en el camino. Ya frente a la pizarra, cogió una tiza y la apoyó para empezar a escribir cuando la tierra tembló violentamente. Clara se tambaleó e hizo caer la tiza al suelo, que se rompió en dos.
Marta, por su parte, se levantó de su sitio.
        No era un sueño -pensó Marta-, está ocurriendo de verdad.
        -Niños, tranquilos -dijo la maestra-, seguro que... algo grande se ha caído.
        -Como qué, ¿un gigante? -preguntó Marta-.
    Puede que la profesora supiera mucho sobre matemáticas, pero de todo lo demás, no tenía ni idea.
      La profesora no respondió, y ordenó a sus alumnos que salieran de clase y que se fueran al aparcamiento. Los niños obedecieron, y Marta y Clara se vieron obligados a seguir a su profesora como los demás. Por el camino, Marta le susurró a Clara:
      -Creo que sé quién es el responsable de esto.
      -¿Quién?
      Marta iba a responder cuando otro temblor la hizo callar. Clara y ésta se miraron, y, en un momento en que la maestra no miraba, se escaparon al baño de las chicas. Allí, discutieron qué hacer.
      -¿Tú crees que esto es un terremoto? -preguntó Clara-.
      -¿Desde cuando hay terremotos en Granada, Clara?
      -Bueno... llevo poco tiempo aquí, yo qué voy a saber.

-Pues entonces que sepas que es uno de los lugares del mundo donde ha habido menos, y encima con tanta fuerza.
        -Entonces, ¿qué pasa aquí?
     Marta sólo dijo una palabra como respuesta:
        -Carlos.


      Yuc se levantó de su mecedora. Algo pasaba en el instituto. Debía ir allí para averiguar más. Cogió todo lo necesario y se esfumó en el aire.


      -Vale, nuevo plan -dijo Clara-, vamos al lugar más alejado del aparcamiento, vamos, la pista de baloncesto, y vamos a por Carlos, puede acabar con todo esto -abrió los brazos-.
      -¿Te has dado cuenta de que estás sugiriendo salvar el instituto de acabar destruido?
      -No es momento para bromas, dame la mano.
     Marta obedeció y las dos desaparecieron en el aire.

      Carlos necesitó dos segundos para darse cuenta de lo que ocurría, dejó de destruir la biblioteca del instituto y se materializó en la pista de baloncesto. Allí se encontró a Marta y a... Clara. Una mísera parte de su ser se alegraba de verla, pero el resto, deseaba llevársela a su maestro.
      -Somos dos contra uno -dijo Marta-, ¿crees que puedes ganar?
      -En realidad sois dos contra tres -contraatacó Carlos-.
      -Yo no veo a nadie.
      -Pues yo sí -murmuró Clara-.
     Y era cierto. Detrás suya acababan de aparecer Raf y Rich.
     La voz de Raf resonó en los oídos de ambas:
      -Cuanto tiempo sin veros chicas, ¿nos habéis echado de menos?
      Marta consiguió no lanzarse sobre Raf y mantuvo la calma:
      -La cuestión es: ¿tú volverás a ver algo después de hoy?
      -Otra cosa, ¿cómo están tus padres? -dijo Raf, marcando la palabra padres-.
      -Eso a tí no te importa.
      Clara intentó calmarla cogiéndola de la mano, pero la retiró enseguida.
      -¡Ay! -gritó Clara-, ¡me has dado un calambrazo!
      -Perdón.
     Raf se rió.
      -Normal, hia mía, Marta domina la electricidad. Ella no pertenece a este mundo. De hecho, ahora mismo me la llevo a ella y a su magia.
      -¡Ni lo sueñes! -exclamaron al unísono Marta y Clara-.
      -Eso ya lo veremos, chicas.
      -De hecho, estoy más que seguro de que ellas tienen razón -dijo la familiar voz de Yuc-.
      -Si queréis lograr escapar de aquí, debéis ganarnos primero -dijo Carlos-.
   Al instante, Carlos elevó las manos al aire y una barrera impenetrable rodeó la pista de baloncesto.
       -Está bien, ¡luchemos! -Gritó Clara-.


      La batalla comenzó y cada uno tenía su asignación: Carlos contra Clara, Yuc contra Raf y Marta contra Rich.
      Carlos estrenó el combate lanzando un brote de oscuridad hacia Clara, y ella lo paró con uno de luz. Cuando Clara lanzó una bola de fuego hacia él, un demonio la paró por él.
      Clara se quedó boquiabierta.
      ¿Sabe hacer invocaciones? -pensó-.
      Sin embargo no se desmoronó, lo intentó de nuevo, pero de nuevo el demonio paró el golpe.
       Esto va a durar -pensó Clara-.
 
      Mientras, Yuc y Raf también estaban muy igualados, cuando uno pensaba que su poder iba a alcanzar a su enemigo, éste lo paraba con su magia.
        Maldito Raf -pensó Yuc-.
     Después soltó un grito de guerra y lanzó un nuevo hechizo sobre su oponente.

      -Vas a saber lo que es sufrir, Marta -dijo Rich-.
      -¿Por qué?, en todo caso, tú vas a acabar partido por un rayo ¡literalmente!
      -¿Estás segura?, pero si ni siquiera has descubierto cómo usar tus poderes.
      Marta se calló. Por primera vez, ese especie de esclavo del idiota de Raf tenía razón, pero no lo iba a admitir.
      -Seguro que es más fácil eso que limpiar el baño de tu “amo y señor”.
      Rich la ignoró.
      -Bueno, pues a ver si eres capaz de manejar esto. -Acto seguido lanzó una bola de fuego contra ella.
       Marta sólo pudo gritar y extender los brazos hacia delante, por si servía de algo. Cuando estaba segura de que estaba muerta, abrió los ojos y observó algo sorprendente: la bola de fuego se encontraba en sus manos, pero ahora parecía hecha de electricidad, y se dio cuenta de que eso lo había conseguido ella. Sin pensárselo, la lanzó contra Rich. Este no lo vio venir y el impacto lo golpeó contra una pared cercana. Intentó levantarse, pero no pudo. Marta, por su parte, se sentía orgullosa de sí misma. Había conseguido ganar a Rich ella sola, sin nadie que la ayudase.


      -¡Yuc pierdes el tiempo, jamás serás capaz de vencerme! -gritó Raf-.
      Yuc lo ignoró y, pillándolo desprevenido, lanzó contra Raf una nueva bola de fuego, que hizo que Raf volara por los aires y aterrizara en el suelo a seis metros de Yuc. Había perdido el conocimiento por el impacto, y Yuc, por si acaso, lo encerró en una jaula mágica. Después, se dirigió hacia donde estaba Clara.

     No le gustó lo que vio. Los poderes de Clara estaban llenos de luz, mientras que los de Carlos llenos de oscuridad. Al ser opuestos, como lo negativo y lo positivo, hacía que estuvieran empatados. De repente, a Yuc se le ocurrió un modo de poder ganar a Carlos.
       -¡Clara, junta todos los elementos!
      Clara entendió las palabras de Yuc, pero ese hechizo era muy complicado. Sin embargo, decidió arriesgarse. En el proceso, Clara fue juntándolos poco a poco: primero tierra, luego agua, aire, y, por último, fuego. Clara miró su mano. Una esfera con todos los elementos unidos. Sin pensar más en lo que acababa de hacer, la lanzó contra Carlos con todas sus fuerzas. Él sólo pudo ver cómo le impactaba y volaba por los aires. Después todo para él se volvió negro. Había perdido el conocimiento.
       -Clara, eso ha sido increíble.
     Esta miró hacia atrás. Marta era quien había hablado.
       -Muchas gracias. Por cierto, tú también has estado genial.
       -Gracias, pero la verdad es que no sé ni como lo he hecho.
      Después, se fundieron en un abrazo. Sin embargo, no duró mucho.
       -Bravo, bravo, bravo -dijo una voz-, bien hecho.
       -Oh, no -dijo Marta-, ¿tú otra vez?, ¿se puede saber quién eres?
      Era, de nuevo, el chico de diecisiete años con ojos azules y pelo castaño.
       -Bueno, resulta obvio, ¿no? -se acercó a Marta y la rodeó con un brazo-, soy tu hermano.
       -¿Qué? -consiguió decir-, tú no eres... -calló, se giró, lo miró a los ojos y lo vio... todo-.
Vio cuando de pequeña le cuidaba, abriendo con él regalos de Navidad, en sus brazos corriendo por una calle...
       -Sí que eres mi hermano, mi auténtico hermano -murmuró-.
      Iba a abrazarlo cuando un rayo de luz violeta lo mandó hacia atrás. Marta corrió hacia él sacudiéndolo, pero él no abría los ojos.
       -No, no. Por favor, no...



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     Hola, olaa. Os dejo con la intriga, ¿eh?, bueno, para k lo sepáis, empiezo el lunes el insti, por lo k el siguiente cap. a lo mejor no llega muy pronto. No olvidéis comentar y participar en las encuestas. Además, si queréis saber cómo empezó todo, id al final de la página y lo sabréis. Chaooo.

domingo, 8 de septiembre de 2013

De nuevo cien visitas más. Estad atentos, una nueva historia está a punto de empezar...
         4OO VISITAS GRACIAS!!!! ^^

sábado, 7 de septiembre de 2013

Cap. 13


                                          CAPÍTULO 13:
                          Poderes ocultos
 
 -¡Dímelo ya, Yuc!, ¿quiénes son mis verdaderos padres?
Marta odiaba hablarle así a Yuc, pero quería saber todo lo posible sobre sus auténticos padres.
-Marta, tranquilízate.
-No, necesito saberlo.
Yuc se levantó de la silla en la que estaba sentado y se colocó frente a Marta.
-Quiero decírtelo, pero no puedo.
-¿Por qué?
-Porque no lo sé, ¿de acuerdo? -dijo Yuc subiendo el tono de voz-.
-Vamos, que lo sabes todo sobre los padres de Clara y los de Carlos y no sabes nada de los míos.
-No es tan sencillo, Marta. Te juro que haré lo posible por averiguarlo.
Eso tranquilizó a Marta un poco. Sin embargo, no aguantó más y salió corriendo del escondite de Yuc. Esta lloviendo a cántaros, pero Marta no parecía darse cuenta y corría, y corría...


Clara llamó al timbre de la casa de Marta. Minutos después, Luis salió por la puerta.
-Hola -dijo Clara-, ¿está Marta en casa?
Luis se acercó a ella y le dijo con voz quebrada:
-No. Se fue ayer por la tarde y no ha vuelto. ¿Sabes dónde está?, estoy preocupadísimo.
Clara tardó un poco en reaccionar.
-¿Por qué?, ¿qué pasó?
Luis suspiró.
-Mis padres le soltaron que era adoptada.
Eso sí que impactó a Clara. Ella nunca habría pensado que Marta era adoptada. De hecho, le veía incluso parecido con su “madre”.
El universitario sacó a Clara de sus pensamientos.
-Por cierto, ¿por qué no estás empapada?
Entonces Clara se percató de que había utilizado un hechizo de agua que hacía que no se mojara. Soltó una excusa rápida y echó a correr calle abajo. Mientras, Luis se había quedado boquiabierto y no había una teoría de física que pudiera explicar aquello.


Marta, agotada, se dejó caer en un banco. Correr le había servido para organizar sus ideas y estaba segura de lo que tenía que hacer. En realidad, siempre le ayudaba correr para despejar la mente.
-¡Marta! -Dijo Clara y ésta dio un respingo-, estaba muy preocupada por ti.
-Hola Clara. Supongo que ya sabrás la noticia.
Clara no dijo nada, pero la abrazó a modo de respuesta. Marta correspondió al abrazo. Sin embargo, no duró mucho, porque Clara se separó bruscamente de ella.
-¿Qué pasa? -preguntó Marta asustada-.
-¿Por qué no estás mojada?, yo utilizo un hechizo, pero tú...
Marta se dio cuenta enseguida de que Clara tenía razón. No sólo eso, si no también que no tenía frío cuando estaban a doce grados y tenía sólo una camiseta de tirantes.
-Clara, tienes razón.
-Debemos avisar a Yuc inmediatamente.
Marta asintió al tiempo que cogía a Clara de la mano. Después, Clara pronunció el hechizo y desaparecieron.

Yuc se levantó de la silla a tiempo de ver a Marta y a Clara aparecer frente a él. La primera en hablarle fue Marta:
-Lo siento mucho Yuc, no quería hablarte así, pero quería averiguar cuáles son mis padres.
-No te preocupes, lo entiendo perfectamente.
Después de eso, se hizo un silencio profundo hasta que Clara lo rompió:
-Yuc, creo que hemos descubierto el poder oculto de Marta.
-Y dime, Marta, ¿cuál?
Marta lo pensó un poco y respondió:
-Cuando estaba sentada bajo la lluvia, no me mojaba... y no tenía frío.
-¿Te ha pasado en otros momentos algo parecido?
-No.
-En ese caso, se ha activado ahora por una razón que desconozco -hizo una pausa y continuó-, y si no os importa iros... así seguro que dentro de muy poco lo habré averiguado.
Se levantó de su sillón y las empujó a las dos hasta la puerta principal. Después, les dijo adiós y Clara y Marta se vieron obligadas a irse.
-Yuc oculta algo -dijo Marta-.
-Ya lo sé, pero estoy segura de que no nos lo va a contar hasta dentro de mucho tiempo.
-Vamos a ir más rápido que nos empapamos.
-Como antes, ¿verdad?
-Jajaja. En eso tienes razón. Por cierto, ¿dónde duermo hoy?, es que no quiero volver a casa y pedir perdón, sería demasiado ridículo: “Siento haberme enfadado con vosotros por sacar un siete y medio en mates y por no haberme dicho que era adoptada”.
-Vale, lo pillo. Supongo que te puedes quedar en mi casa.
-¿De verdad?, bueno, siempre que tu madre te deje...
-Pues claro que sí.
-En ese caso... ¡vamos a tu casa!



-Como es posible -se decía Yuc-, ese poder... no, no puede ser. Nunca lo había visto en las personas excepto una... No, no lo creo. Aunque es adoptada y no sé si podría ser...


-Ummm.... -dijo Ralf-, ¿has visto eso, Rich?, parece que tenemos un nuevo poder que desconocíamos... Esto cambia mucho las cosas, a saber que hace con dieciséis años... ¡Carlos, ven!, creo que tienes trabajo por hacer -Cuando apareció Carlos prosiguió-. Hemos descubierto a otra de ellos. Debemos conseguir capturarla, y no será fácil. Con sus poderes recién aparecidos, tiene mucha energía mágica en su interior. ¿Podrás hacerlo?
-Por supuesto señor. ¿Me deja el amuleto?
-No. No sirve con ella y sus poderes. Por eso es difícil capturarla, Carlos.En esta ocasión tendrás que hacerlo solo, sin nada que te ayude.
-No le defraudaré.
Murmuró un hechizo, y desapareció.


Holaa. Siento mucho haberlo subido tan tarde, pero es k no tengo tiempo.Prometo que el siguiente llegará pronto. ¡Seguid leyendo! (Elsa por favor déjame con vida XD)

domingo, 18 de agosto de 2013

Cap.12


                                          CAPÍTULO 12:
                       La verdad de Marta
Marta se sentía mejor el lunes por la mañana. Tener a su mejor amiga de nuevo a su lado le había subido la moral. Sin embargo un buen día no tiene por qué acabar bien...

Marta se desperezó en su cama. Había dormido estupendamente y sin tener ninguna pesadilla. Sin embargo, era lunes y había colegio, por lo que tampoco tenía muy buen humor. Se vistió, desayunó rápido y salió corriendo por la puerta principal. Quería ver a sus padres lo menos posible. A continuación dio la vuelta a su calle para llegar a la de Marta y se paró en la esquina. Como sospechaba, Clara no había aparecido aún. No llevaba ni cinco minutos esperando cuando notó la presencia de alguien detrás suya. Se giró a toda velocidad y le vio: era un chico de unos diecisiete años con el pelo negro y ojos azules claros. Marta estaba a punto de preguntarle a aquel chico quién era cuando una voz familiar la detuvo.
-¡Hola Marta!
Era la inconfundible voz de su mejor amiga.
-Ho...hola Clara. -dijo Marta con voz nerviosa-.
-¿Te pasa algo?, pareces nerviosa.
Marta volvió a girarse y, tal y como pensaba, el chico ya no estaba, e intentó disimular con una sonrisa.
-No, tranquila, pero vámonos rápido que llegamos tarde.
Clara no parecía muy convencida, pero se resignó y siguió a Marta.

En el instituto todo fue bien... hasta que llegó la hora de matemáticas.
-Bueno, chicos -dijo la profesora-, hoy os entregaré los exámenes de la pasada semana.
-Jo, pues yo no creo que tenga muy buena nota -comentó Clara en voz baja-.
Sin embargo, cuando la profesora le entregó el examen a Clara, esta casi se cae de la silla.
-¿Qué pasa?, ¿has suspendido? -preguntó Marta-.
-No... ¡que he sacado un ocho!
-Enhorabuena.
-Gracias, ¿y tú qué has sacado?
-Un siete.
-Está bien, ¿pero por qué no estás contenta?
-Esto para mis padres es como un suspenso. Estoy muerta.
-Entonces... mucha suerte.
-Gracias, la voy a necesitar.
Cuando las clases terminaron, Marta y Clara atravesaron la puerta principal y empezaron a andar hacia la casa de Clara, que era la que estaba mas cerca del instituto.
Cuando llegaron, Marta se despidió de Clara y se fue a su casa. Cuando entró dentro, se encontró con que sus padres no estaban allí para pedirle la nota de mates.
Mejor para mí -pensó-.
A continuación, fue a la cocina y encima de la mesa se encontró una nota. Decía así: 

Marta, estamos en la universidad con Luis. Volveremos a las cinco. Hay ensalada en la nevera. En cuanto volvamos, veremos la nota de matemáticas, ¿entendido? Haz los deberes.

-Muy bien -dijo Marta-, de nuevo están con mi hermanito y ni siquiera en la nota me han puesto un “te quiero” ni nada parecido. Es como si no fueran mis verdaderos padres. Sin embargo, decidió pensar en ello más tarde, puesto que estaba hambrienta. Puso la mesa y empezó a comer.
Cerca de allí, unos ojos azules claro miraban a Marta fijamente...


-Muy bien, Carlos. Has invocado el demonio y has podido controlarlo a tu voluntad. Enhorabuena -dijo Raf-.
-Gracias maestro -dijo Carlos sin emoción alguna en la voz-.
-Pronto, Carlos, nada podrá pararnos. Capturarás a Clara y seremos invencibles. Y ese mago idiota no volverá a molestarnos.
A continuación, se rió de una forma horripilante y, lo más sorprendente, es que Carlos imitó a su maestro...


Cuando terminó de comer, Marta quitó la mesa y se fue a su cuarto a hacer los deberes, no quería ver a sus padres todavía más enfadados. Cuando llevaba bastante tiempo haciendo los aburridísimos deberes de mates, sus padres entraron en la casa.
-Marta, ven hija -dijo su padre-, esperemos que tu nota de matemáticas sea muy buena.
Marta suspiró y obedeció. Bajó las escaleras y se plantó enfrente de sus padres.
-Y bien, Marta, ¿qué nota has sacado?
-Un siete y medio -dijo Marta-.
Sus padres la miraron echando humo.
-¿Sólo un siete? -dijo su madre-, ¡pero tú quién te crees que eres para sacar tan mala nota!
Marta también estalló.
-¡Un siete y medio no es mala nota!, ¡y no entiendo cómo es que os importa siquiera! ¡Siempre estáis con Luis, que es un marginado que no tiene vida social, jamás seré como él!
Me niego.
Sus padres se quedaron boquiabiertos. ¿Cómo se atrevía a insultar al niño perfecto?
-¡Pues claro, porque tú nunca serás hija nuestra!
-¡Sé que estáis exagerando, sí soy hija vuestra!
-¡No!, ¡jamás lo fuiste!
Marta se calló de golpe. ¿Eso significaba que era adoptada?
-¡Ya decía yo que por qué tenía unos padres que no me querían!
Al ver que sus padres no hacían nada, Marta empezó a correr y salió de la casa. Corrió y corrió hasta que estuvo a punto de chocarse con una figura más o menos conocida: el chico de ojos azules y pelo oscuro que había visto esa misma mañana.
-¿Quién eres? -preguntó Marta aguantando las lágrimas-.
-Creo que lo mejor será que no lo sepas -dijo éste con tristeza-.
Cuando la chica estaba a punto de decir algo más, el misterioso chico desapareció. Algo que para Marta ya era muy frecuente, por lo que no le sorprendió que el chico fuera otro mago. De repente cayó en algo: ¿quién eran sus verdaderos padres?, ¿tendría hermanos?, pero, lo más importante de todo para ella: ¿por qué la abandonaron?

jueves, 15 de agosto de 2013

                   Holaa. Bueno, ya hemos llegado a las...
                                    300 visitas!!!
              Estad atentos, muy pronto subiré el cap. 12...

domingo, 4 de agosto de 2013

Cap. 11


                      CAPÍTULO 11:
                         Confusión
Clara abrió los ojos. Le costó recordar qué hacía en una celda, y le vino a la cabeza todo lo que había pasado ayer. Sí, había visto a Carlos, pero gracias a eso ahora estaba capturaba, y le inquietaba mucho lo que podía hacerle su padre.
Recordó que, hace apenas de un año, quería que su vida fuera... diferente. Pero no se refería a esto. Ella quería tener un padre que la quisiera. Un padre que se sentara en el asiento del copiloto en los viajes en familia. Clara quería poner la mesa y poner cuatro tenedores en vez de tres. No quería uno que la quisiera por el poder que ella tuviera.
Se levantó de la cama, y observó que encima de la mesita había un buen desayuno: un vaso de leche y pan con mantequilla. Por lo menos eso significaba que no querían dejarla morir de hambre en aquella celda oscura. Aun así, le inquietaba lo que su padre pudiera hacerle. Suspiró. Estaba hambrienta, por lo que se sentó en una silla cercana y empezó a comerse su desayuno.

Carlos se despertó sobresaltado. Había tenido una pesadilla que al antiguo Carlos le pareció horrible: en ella Raf torturaba a Clara para que se volviera de su lado. Y pensó que seguramente eso es lo que le pasaría a Clara.
-¡No! -gritó para sí- eso es lo que quiero, que mi maestro consiga lo que se proponga y que se sienta muy orgulloso de mí.
Esos pensamientos le hicieron volver a ser como era antes de despertarse: un chico con el pelo tan negro como su corazón y que obedecía a todo lo que le decía su maestro y señor.
De repente, Raf se materializó frente a él.
-Carlos, voy a preparar lo de hoy, y necesito algunas cosas. Tú vigilarás a mi hija, ¿entendido?. Volveré a primera hora de la tarde.
Y desapareció.
Carlos, como buen aprendiz que era, murmuró el hechizo que le haría aparecer en la puerta de la celda de Clara.


Había un silencio imperturbable en la sala de estar del escondite de Yuc. Marta se encontraba allí con él. Ella estaba leyendo un libro con el título de: gente que ve más allá de nuestros ojos, que la ayudaba a saber cosas que podía hacer ella. Yuc, en cambio, leía uno de hechicería con un título en latín que Marta no supo descifrar.
Estaba desesperada por ir a rescatar a Clara, pero sabía que Yuc llevaba razón y debían esperar el tiempo suficiente para que Raf y Rich no sospecharan nada. Pero nada le impedía hablar, por lo que formuló una pregunta que rompió el silencio:
-¿Dónde estabas el día que..., ya sabes, que no capturaron?
Yuc aguantó la respiración unos momentos, pero enseguida se recuperó y respondió la pregunta de Marta:
-Buscaba ayuda de un clan de magos y magas que había en... América.
-¿Y qué pasó? -preguntó de nuevo Marta-.
-Pues que... -se calló un momento y continuó-, Raf y Rich los habían matado a todos.
Marta ahogó un grito.
-¿A todos?
Yuc asintió con tristeza.
-Cuando llegué... no pude hacer nada. Lo único que pude llegar a ver fue a un mago muy amigo mío que murmuró el nombre de Rich y Raf. Después se desplomó en el suelo, muerto.
Yuc estaba conteniendo las lágrimas. No quería llorar delante de Marta. Porque lo que ella no sabía era que entre los magos y magas... estaba toda su familia.
-Lo... lo siento muchísimo, Yuc. Pero piensa que se lo haremos pagar a los dos, ¿de acuerdo?, tú fuiste el que me dio fuerzas para seguir adelante aunque hubiera perdido a mis dos mejores amigos.
Acto seguido lo abrazó. Quería a Yuc como un segundo padre, y no soportaba verlo así.
Yuc no dijo nada, estaba seguro de que si empezaba a hablar se le saltarían las lágrimas.
  
    Clara se levantó de su cómoda silla al notar a alguien materializándose al otro lado de la puerta de la celda. Esperaba encontrarse con Rich o incluso con su padre, pero estaba muy equivocada, porque ante ella apareció Carlos, y no estaba preparada para ello.
Se miraron a los ojos largo rato a través de los barrotes apenas sin pestañear. Fue Carlos quien apartó la mirada primero. Clara estaba casi segura de haber visto un destello azul en sus ojos, pero no podía estar segura. Lo que sí advirtió era que Carlos sufría una especie de debate en su cuerpo. De vez en cuando agitaba la cabeza, como si quisiera alejar algo de su mente. Otras, se volvía hacia ella y le dedicaba una mirada que a Clara le recordaba al Carlos que había sido meses atrás. Sin embargo, la última vez sucedió algo todavía más raro: Carlos se tiró al suelo y empezó a retorcerse durante un buen rato. Cuando se levantó, Clara se quedó sin habla: Carlos tenía el pelo castaño claro y tenía los ojos, de nuevo, azules, casi era el de antes.
-Te voy a sacar de aquí. -dijo casi gritando Carlos-.
A continuación, Clara sólo pudo taparse la cara con las manos al ver lanzar a Carlos un hechizo contra la celda. Cuando volvió a abrirlos, se encontró con la puerta de la celda completamente calcinada y con Carlos respirando entrecortadamente. Clara no se detuvo mucho más, salió por donde antes había una celda y se paró frente a Carlos. Meditó durante un tiempo si llevarse a Carlos o dejarlo allí y enseguida obtuvo la respuesta: debía dejarlo allí. Todavía no estaba preparada para romper el hechizo, de todas formas, Raf capturaría de nuevo a Carlos y sería aún peor. Le dolía, pero era lo mejor.

Carlos pareció entender los pensamientos de Clara, porque suplicó que la llevara con él.
Sin embargo, Clara lo ignoró y murmuró el hechizo que la sacaría de allí. Antes de desvanecerse, le dio un beso en la mejilla y dijo:
-Gracias.
Y desapareció.
  Cuando Clara volvió a sentir el suelo bajo sus pies, se encontró frente a unos sorprendidos Marta y Yuc.
La primera en responder fue Marta, que se echó a los brazos de Clara.
-¿Cómo has escapado? -preguntó Marta-.
-Gracias a... Carlos.
A Yuc casi le da un patatús.
-¿Carlos? Dijo Marta, entonces significa que ¿ha vuelto a ser el de antes?
Clara miró a su mejor amiga con tristeza.
-No, pero casi. Cuando me fui de allí, Carlos tenía el pelo casi rubio y los ojos azules. Creo que el hechizo es muy posible que lo consigamos romper la próxima vez que nos encontremos con ellos.
Sin embargo, estaba muy equivocada. Nada es lo que parece.


-¡Carlos! -chilló furioso Raf-, ¡qué has hecho!
Carlos se atrevió a responderle:
-He hecho que no torturaras a Clara para que se vuelva como tú.
Raf se fijó más en su aspecto, y descubrió lo evidente: Carlos ya casi era el de antes.
-Bueno, pues tengo una solución.
Primero, le puso el colgante que Clara había llevado hacía un día y llamó a Rich.
-¡Rich, traeme mi libro de hechizos ya!
Este obedeció y en unos minutos traía el libro que Raf había traído. Carlos entendió lo que iba a hacer e intentó echar a correr. Pero no llegó ni a dar dos pasos. Raf dirigió su mano a Carlos y este quedó parado en el suelo, sin poder moverse. No dejó de buscar en el libro lo que necesitaba mientras dirigía el hechizo a Carlos.
-Aquí está. -dijo Raf-. Ahora nunca volverás a ser el de antes.
Murmuró el hechizo necesario, pero Carlos solo entendió el final:
                       Duplico el hechizo del diablo
                               para que el chico
                                  no recuerde
                                        nada.
Después de sentir el hechizo recorrer todo su cuerpo, no recordó nada más. Al menos no el Carlos de antes. El nuevo Carlos era aún más oscuro que antes...
Y era casi imposible romper el hechizo.

miércoles, 24 de julio de 2013

Cap. 10


                          CAPÍTULO 10:
                                Sábado
-Sí, Carlos se encuentra mejor, no se preocupe -dijo Clara por teléfono-. Sí, la mantendré informada, no se preocupe, adiós.
Clara colgó el teléfono, aunque lo hizo de malas maneras porque estaba harta. Los padres de los amigos de Carlos llamaban por teléfono a su casa a casi todas horas, puesto que se inventó una excusa para que no llamaran al padre de Carlos, era demasiado para él. Descubrir que tu hijo se ha convertido oscuro y que domina la magia negra... bueno, se entiende. No le vendría bien gente preguntando por su hijo, y, encima, sin decir la verdad.
Mientras que Yuc, Marta, su madre, el padre de Carlos y ella sabían que era un aprendiz de la magia oscura consumido por el mal el resto del mundo pensaba que Carlos tenía una extraña enfermedad muy contagiosa que no se curaba fácilmente y que tenía que ser tratada. La verdad, Clara no se creía que la gente se lo tragara, pero mientras no supieran la verdad... todo iría más o menos bien. Sin embargo sufría. Y estaba segura de que Marta también lloraba por su mejor amigo, pero por no quitarle la esperanza, no lo hacía delante suya. Era ella la que se echaba en los brazos de ésta para llorar en su hombro para que la consolara, y no al revés. Marta era más fuerte, la que sabía qué hacer en los momentos difíciles, la que la ayudaba en todo lo que estuviera en su mano. Clara nunca había conocido a alguien como ella.
Entonces el teléfono volvió a sonar.
Seguramente será otro padre-pensó- y, con un suspiro cogió el teléfono-.
  

   -Carlos -dijo Raf-, llevas aprendiendo magia oscura desde hace ya varios meses. Ya es hora de que demuestres todo lo que has aprendido. Quiero que me traigas a Clara.
Carlos contuvo unos momentos la respiración, y después se atrevió a preguntar:
-¿Y Marta?
-He dicho que me traigas a Clara, ya es hora de que lo superes. Toma, esto te ayudará.
-¿Qué es eso? -preguntó cogiendo el collar entre las manos-.
-Es un colgante que hará que Clara pierda sus poderes mientras lo lleve puesto.
Acto seguido, se acercó a Carlos hasta que quedó a pocos centímetros de él, y miro sus ojos. Distinguió un destello azul en ellos. Reprimió un escalofrío.
Está volviendo a ser el de antes -pensó para sí-.
Después, se apartó de él.
-Hazlo, Carlos. Haz lo que he ordenado, y rápido.
-Carlos asintió. Segundos después, desapareció en el aire.
Eso será suficiente para que se vuelva como deseo -pensó de nuevo-.
Y sonrió.
 

   Clara colgó. No se equivocaba, era un padre quien la había llamado.
Miró el reloj de la pared. Eran las seis de la tarde, y había quedado con Marta en el parque a las y media, por lo que se aseó y salió por la puerta principal andando tranquilamente. Para ese tipo de ocasiones, Clara prefería no usar sus poderes. Sólo los utilizaba cuando era necesario. Continuó andando hasta el parque. Llegó a las seis y veinticinco, pero Marta ya estaba allí esperándola. Clara aceleró el paso y se situó al lado de ella. La abrazó y le preguntó:
-¿Nos sentamos en aquel banco?
-Sí -respondió Marta-.
Se sentaron y Clara dijo:
-¿No está el parque muy vacío?, no hay nadie excepto nosotras dos.
-Es verdad, será mejor que nos vayamos.
Acto seguido se levantaron del banco y empezaron a andar rápido hasta la puerta del parque. Sin embargo, cuando no habían llegado ni a la mitad, una figura conocida apareció delante suya. Era Carlos.
Marta chilló, pero Clara se quedó mirándolo fijamente. No lo había visto hacía ya mucho tiempo, y verlo allí plantado...
Volvió a la realidad. Carlos ya no era el de antes, ahora estaba allí para capturarlas. Cogió la mano de Marta, y cuando estaba a punto de dar un salto para volar y sacarlas de allí, Carlos cogió su brazo. Clara soltó a Marta y le dijo:
-¡Huye, no te quedes ahí!
Marta no le hizo caso. Intentaba chillar, pero al no poder, entendió que Carlos la había hechizado. Sin embargo, no pensaba dejar a su amiga sola.
Carlos, mientras, tenía a Clara entre los brazos, que no paraba de retorcerse y chillar para soltarse. Cuando notó que Carlos le ponía el colgante, las fuerzas la abandonaron. Intentó hacer algún hechizo, pero le fue imposible. Entonces lo comprendió: el amuleto era lo que se lo impedía. Probó a intentar quitárselo, pero le fue, de nuevo, imposible. Se giró para mirar a Carlos a los ojos. Ahora solo quedaban dos lagunas negras que hizo que se le pusiera la piel de gallina. Lo que habían hecho con él... no tenía perdón.
Marta se dio cuenta de que no podía hacer nada salvo una cosa:
-¿Por qué? -preguntó con un hilo de voz-.
-No lo sé -dijo Carlos con tristeza-.
Y desapareció con Clara en una nube de humo negro.
Marta chilló con todas sus fuerzas:
-¡YUC!
Y empezó a llorar fuertemente.
Yuc escuchó el grito. Se temía lo peor. En cuanto llegó al parque, se encontró con una Marta inconsolable, y lo comprendió todo: Carlos había capturado a Clara. Se acercó a ella
e intentó darle palabras de ánimo, pero sabía que sería en vano. Lo único que podría consolar a Marta en esos momentos era su mejor amiga o su mejor amigo, y no estaban allí.
Cuando Yuc pensaba que Marta no iba a parar, ésta dejó de llorar y preguntó con churretones en la cara a Yuc:
-¿Vamos a ir a rescatarla, no?
-Por supuesto -respondió Yuc-, pero hoy no. Debemos esperar hasta dentro de unos días por lo menos, cuando hayan bajado la guardia y piensen que estamos acabados.
Marta asintió. No pensaba quedarse de brazos cruzados. Haría todo lo posible para recuperar a sus mejores amigos.
-Vamos -dijo Yuc-, demos la mala noticia a la madre de Clara, merece saberlo.
Marta asintió y le dio la mano a Yuc. Segundos después habían desaparecido, y parecía como si en esa tarde de primavera nada hubiera pasado.


-¡Suéltame! -gritó Clara-, ya no me puedo escapar.
Carlos la ignoró. Estaba en la sala donde debía de entregar a Clara a su maestro, y quería que estuviera orgulloso de él. Sin embargo, evitó mirar a Clara en lo poco que duró el viaje.
-Carlos, traes a Clara, ¿verdad?, bien hecho -dijo Raf-. Llévala a su celda, mañana empezará todo.
-¿Mi celda? -dijo Clara enfadada-, ¿así tratas a tu hija?.
-Te recuerdo que mi hija conoce la magia y si no te encarcelo, te escaparías -contraatacó Raf-.
Clara se rindió y dejó de hablar. Sin embargo, esta vez Carlos la soltó en el suelo y le dijo que la siguiera. Clara se resignó y obedeció. Cuando se pararon ante su “nuevo hogar”,
Carlos la empujó dentro y entró después él. Le quitó el colgante del cuello a Clara y salió por la puerta, cerrándola seguidamente con una pequeña llave dorada. Segundos después, se marchó.
Clara observó a su alrededor. La celda en realidad no era como se la había imaginado. Había una buena cama en el fondo y una pequeña mesa, pero seguía siendo una prisión de la que no podía escapar, tal como había dicho su querido padre. Intentó escapar de todas formas con un hechizo para materializarse en su casa. Al no funcionar, comprendió que la celda estaba a prueba de magia. Suspiró. Estaba agotada. Se tumbó en la cama dirigiendo sus últimos pensamientos a Marta, a la que tanto quería. Minutos después, se quedó dormida. Esa noche no la atormentaron las terribles pesadillas que solía sufrir.

domingo, 14 de julio de 2013

Cap.9


                      CAPÍTULO 9:
                                 Aprender magia
    -Vamos Clara -dijo Yuc-, sigue intentándolo.
Clara estaba intentando hacer la tarea que su maestro le había mandado: convertir el agua de un vaso en un bloque de hielo. Por más que lo intentaba, no lo conseguía. De hecho, desde que empezó a aprender a usar la magia con Yuc hacía tres meses, la mayoría de las veces no le salían los hechizos como tenían que ser.
    -A ver Clara, escúchame, debes sentir la magia, deja que fluya a través de tu mano. Inténtalo otra vez.
Clara asintió. Relajó los músculos, cerró los ojos y lo intentó de nuevo. Cuando abrió los ojos, no había agua. En vez de eso se encontró con un bloque de hielo. Lo había conseguido.
    -Muy bien Clara. Ese era tu problema: estabas muy tensa y la magia no fluía a través de tu mano. Cuando hagamos un par más de hechizos básicos, te enseñaré hechizos complejos.
Clara asintió de nuevo y sonrió. Faltaba un poco menos para que pudieran ir a rescatar a Carlos. De hecho, saber hacer hechizos básicos con todos los elementos es tener un buen nivel de magia. Todavía recordaba el primer día de su enseñanza en la magia, fue uno de los mejores de su vida. Aquel día...
     -Clara -dijo Yuc-, hoy es el primero de los muchos días en los que te voy a enseñar a utilizar tu magia. Hoy repasaremos lo que ya sabes hacer.
    -¿Lo que ya sé hacer? -dijo Clara-, ¿y qué se hacer?
    -Antes de nada, seguidme Clara y Marta.
    -¿Por qué salimos de la casa? -preguntó Marta-, ¿qué se puede hacer aquí?
    -Volar -dijo solamente Yuc-.
Clara lo miró sorprendida.
¿Volar, sé volar, puedo volar...? -se dijo para sí-.
    -En efecto Clara, pero debes practicar. Empieza por algo sencillo. Empieza a correr, y poco después da un gran salto, a ver qué sucede, y no te preocupes, la barrera hace invisible todo lo que hacemos aquí en el descampado.
Clara asintió. Miró a Yuc y a Marta y entendió el mensaje de sus miradas: inténtalo, puedes hacerlo bien.
Empezó a correr, saltó lo más alto que pudo y no se atrevió a mirar hacia abajo hasta que creyó que no se caería al suelo. Soltó un grito de júbilo y pensó:
puedo volar, increíble pero ¡puedo volar!
Intentó volar más alto, pero Yuc le dijo con un gesto que se estuviera quieta. A continuación, murmuró unas palabras y Marta y él empezaron a flotar hasta estar a la altura de Clara. Entonces Yuc dijo:
    -Lo que estás haciendo ahora mismo es un hechizo elemental del elemento aire. En tu caso, la habilidad de volar es innata. Podrías haber volado si lo quisieras cuando aún gateabas, pero tenías que desear volar para poder hacerlo, y hoy lo has conseguido. Ahora, intenta dar una voltereta. Sólo tienes que impulsarte e inclinarte hacia delante.
Clara lo intentó y lo consiguió al instante.
Yuc prosiguió:   
  -Vale, ahora para volar más alto debes saltar, y listo. Para bajar, inclínate hacia abajo y, cuando estés cerca de la superficie del suelo, ponte de pie. Pero antes debo poner algo de protección por si acaso.   
   -Murmuró de nuevo y en el suelo del descampado apareció una enorme colchoneta-. De acuerdo Clara, ahora sí puedes.
Clara intentó primero volar más alto, y no lo hizo mal. Pero para aterrizar... bueno, eso fue otra historia. Siempre se estrellaba contra la colchoneta, nunca conseguía ponerse de pie a tiempo. Cuando estaba a punto de darse por vencida, Marta le dijo:
    -¡Vamos Clara, tú puedes!
Eso le dio ánimos, y lo intentó por última vez. Se inclinó hacia abajo y cuando se posó en el suelo con suavidad, se dio cuenta de que, por fin, lo había logrado. Había aterrizado, y sin llevarse ni un golpe esta vez. Estaba segura de que a su madre no le haría mucha gracia tener una hija que supiera volar y que pudiera ensuciarle la pared de pisadas de zapatos.

    -Clara... Clara...
Volvió al mundo real. Yuc la estaba llamando.
    -¿Sí? -preguntó Clara-.
    -Mañana continuaremos. Por hoy ya has hecho bastante.
Clara sonrió de oreja a oreja. Tenía el resto de la tarde libre, y no eran más de las seis.
Marta pareció pensar lo mismo. Se despidieron de Yuc y salieron fuera. Hacía un día soleado y puede que con demasiado calor para ser finales de marzo.
    -¿A dónde vamos? -preguntó Marta-.
    -No lo sé -respondió Clara-.
    -Umm... ¿ y si vamos al cine?
    -Sí, hay una película que quería ver hacía tiempo.
    -¡Pues vamos!
Y se fueron hacia el cine. Aquella tarde Clara se divirtió tanto que no pensó en Carlos.



    Su maestro le había hecho practicar dos horas seguidas hechizos de magia oscura, y Carlos estaba harto de invocar a espíritus y demás. De hecho, lo único que se podía hacer allí era comer, dormir y practicar hechizos. Muchos hechizos. De vez en cuando cuando Raf y su ayudante se iban por “asuntos del mal” como decían ellos, se daba una vuelta por el enorme templo, y no era muy emocionante. En la última expedición, lo más interesante que había encontrado había sido una cuna de madera que debía de tener por lo menos doce años.
Y cuando volvían, se iba volando (literalmente) hacia su habitación para que no le pillaran. También se sentía confuso, se debatía entre la luz y la oscuridad, vamos, que la esencia del antiguo Carlos todavía estaba presente en él. No sabía cómo acabaría aquello, pero cuando pensaba en ello su idea se dividía en dos: algunas veces quería que Yuc, Clara y Marta lo rescataran, y otras veces quería capturar a Marta y a Clara y que su maestro se sintiera orgulloso de él.
      Quería recuperar a Clara y también   
                 quería capturarla.